11 junio 2007

Autodestrucción

El aparente apoyo incondicional de los súbditos del Presidente a su proyecto totalitario no pasa de ser otra gatería muy venezolana de apuntarse con el "dueño del poder" sin importarles el proceso de degradación progresivo que arruina al país. Los habituales lisonjeros de oficio se hacen eco de las palabras del jefe por muy disparatadas que sean a sabiendas de la inviabilidad de un proyecto destructivo construido con retazos ideológicos fracasados y pasados de uso.


La muestra más evidente se percibe en la conducta entreguista de los dueños de las cadenas Venevisión y Televén quienes han optado por plegarse a un estándar de noticias homogeneizado; acorde con el pensamiento autocrático de Chávez. Imaginan estos empresarios que asumiendo una línea informativa complaciente ninguna medida de cierre podrá afectarlos; como sí ocurrió con RCTV. La omisión llegó a tal punto que para estos medios el cierre no existió. El hecho siquiera fue citado como noticia. En ocasiones se hizo alguna referencia tangencial sin darle la pertinente jerarquía informativa.

Ahora, con excepción de Globovisión, las televisoras oficiales y privadas funcionan, en el fondo, bajo un mismo formato que fija y limita la variedad. Por ejemplo, los comentaristas políticos y de noticias, aunque con distintivos propios, suministran informaciones básicamente idénticas. Similar situación ocurre con la radio. La autocensura ha hecho que la competencia se distinga sólo en la envoltura, tal como se observa en el supermercado con los jabones; están cubiertos por papeles de diferentes colores pero contienen lo mismo. Se cumple así, en parte, el deseo del ex ministro de Información y actual director de Tele Sur, Andrés Izarra, sobre la hegemonía comunicacional como componente necesario para garantizar la revolución.

Lo mismo sucede con la política educativa. El régimen, a través de una inmensa burocracia, pretende instaurar un sistema educativo mediocre alejado de los métodos productivos indispensables para el desarrollo integral. Las llamadas escuelas bolivarianas dejan de lado su verdadero objetivo: "el alumno", para ocuparse de aspectos interinos de ideologización que nada atañen con el ámbito docente.

La política militar tampoco se aleja de ese proceso de autodestrucción institucional. Los militares han aceptado en parte la imposición del Presidente de cambiar el saludo tradicionalmente usado para sustituirlo por "patria, socialismo o muerte". No debe olvidarse que el Estado delega en la milicia el uso exclusivo de las armas con el propósito de defender la República. La disciplina interna y hacia fuera debe ser absoluta para poder cumplir con los objetivos de su existencia. Lo contrario, sería asentir la anarquía y la ley del que más puede.

Lo mismo podría decirse del ámbito sanitario; de infraestructura; de seguridad, por citar algunos. En otras palabras, las instituciones han entrado en un proceso de autodestrucción que de rectificar hoy, requeriría más de una generación para lograr su recuperación.

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