08 junio 2007

El cierre de RCTV -sí, el cierre, no se le puede llamar de otra manera- ha permitido llevar a cabo la más profunda radiografía imaginable de la Venezu

El cierre de RCTV -sí, el cierre, no se le puede llamar de otra manera- ha permitido llevar a cabo la más profunda radiografía imaginable de la Venezuela actual.

Ha demostrado hasta dónde es capaz de llegar un gobierno sin contrapesos institucionales. Más que nunca ha quedado demostrado cómo todos los poderes están en manos de un solo hombre.

Ninguna instancia ha sido capaz de poner freno, ni antes ni después, al capricho político, a la venganza irracional. El TSJ dijo y desdijo para, al final, no resolver la situación.

No se afectó nada más al grupo de propietarios, accionistas y trabajadores de la señal televisiva. También se confiscó el derecho de todos los venezolanos a tener una opción informativa y de entretenimiento. Eso ha sido entendido por el país. Y a ello se deben las numerosas y multitudinarias protestas de los últimos días.

El canal 2, junto a Globovisión, era una de las escasas alternativas al creciente monopolio que ha materializado la hegemonía comunicacional del Gobierno. VTV, Vive TV, ANTV, Telesur, CMT y ahora TVes, son un coro que dice exactamente lo que el líder desea. Eso para no hablar de su nula capacidad de entretener. Y con nuestro dinero.

Varias generaciones crecieron viendo RCTV y sienten al canal como un patrimonio personal. Prácticamente todos los trabajadores de la industria televisiva nacional han pasado por ese canal. De allí el vuelco masivo de representantes de todos los canales en su defensa.

Y el mayor patrimonio que ha sembrado en los venezolanos es el hábito de estar informados y de opinar libremente. Esos valores son los que están invocando los numerosos ciudadanos que alzan la voz por estos días para defender un bien tan intangible como innegociable: la libertad de expresión.


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