17 junio 2007

Hasta que se agote la paciencia

Qué vergüenza llegar a general no para defender nuestra soberanía ni ganar batallas contra la narcoguerrilla sino para reprimir a estudiantes pacíficos que marchan a favor de la reconciliación nacional! La cronista imagina que millones de venezolanos debieron sentir similar repugnancia al ver al jefe de la PM urdiendo un infame discurso ante las cámaras -las mismas que habían captado la represión policial en esa marcha pacífica del jueves donde no se les permitió llegar hasta la Plaza Caracas-, intentando culpar a los jóvenes de las supuestas contusiones sufridas por un agente policial. Al general Romero -que así se apellida quien se comporta como un militante furibundo del MVR y al que imaginamos ya inscrito en el PUS- le vimos en la misma actitud frente a Conatel, cuando la PM arremetió brutalmente contra la multitud según reseñaron los periodistas nacionales e internacionales. ¡Qué vergüenza también con Bernal, quien para congraciarse con su jefe, impide la marcha hasta la Plaza Caracas, mientras deja circular a los rojos violentos por donde les da la gana, cargados con bombas lacrimógenas y cosas peores metidas en sus mochilas, sin que medie permiso, alguno!

El alcalde y el general de marras deberían recorrer las barriadas de la ciudad (preferiblemente disfrazados de "pavo Lucas") para que registren la aprobación masiva a favor de los estudiantes democráticos que luchan por el respeto a los derechos civiles y el regreso de la señal de RCTV. Se darían cuenta también del creciente rechazo al régimen que ha quintuplicado los crímenes y las enfermedades endémicas. El cuento de llamar a los barrios para que bajen a defender la Revolución pasó a la historia. El arrebatón de Chávez contra RCTV -sentido por los más humildes como la confiscación de buena parte de su patrimonio cultural- hizo añicos el sueño de que con Chávez manda el pueblo. Desoír el mandato de no cerrar RCTV solicitado a gritos por más del 80% de los ciudadanos le está saliendo muy caro.

Chávez y su torpe equipo no han entendido la naturaleza de las marchas estudiantiles. Posiblemente se ríen cuando ven a esos miles de jóvenes detenerse ante la barrera policial sin siquiera intentar lanzar una piedra mientras alzan sus manos, gritan consignas a favor de la libertad y permanecen erguidos durante horas en medio de la lluvia. Están frente a la Fiscalía sin que ni un solo funcionario del Ministerio Público se acerque a protegerlos de la brutalidad policial. No imagina el Gobierno -acostumbrado a responder con represión e insultos- que la fuerza simbólica de los estudiantes no está en traspasar la barrera policial o en lanzar piedras contra sus represores, sino en demostrarle gráficamente al pueblo que mientras el régimen usa a cientos de policías para reprimir una marcha pacífica, en los barrios no hay un solo uniformado para defenderlos del hampa. Las encuestas registran que el pueblo está harto de los ocho largos años de guerra que el teniente coronel ha mantenido contra Bush, contra los senadores de Brasil y Chile, contra los estudiantes, contra la Iglesia, contra los sindicatos, contra los médicos y educadores venezolanos, y contra quienes no griten con él "Patria, socialismo o muerte". Está harto de la exclusión. De que los rojos violen impunemente la ley, mientras que a los demás se les niegan sus derechos constitucionales. Por eso los barrios empiezan a entenderse con los estudiantes. No con quienes están armados en la Universidad de Carabobo y actúan como delincuentes, sin que el eructante gobernador se inmute. Ni con quienes son empleados pùblicos antes que estudiantes y les han asignado una mesada superior a 5 salarios mínimos. Los mismos que piden un falso debate que concluirá con la aprobación urgente de una nueva Ley de Educación Superior que liquidará la libertad académica y la autonomía. Creen que así podrán apoderarse de las universidades autónomas, en las que han perdido todas las elecciones por paliza.

Chávez dijo en La Habana que a su revolución no la para nadie y que al regreso acelerará los "motores" de su batiburrillo marxisto-militaroide.El teniente coronel parece no contar con que los estudiantes seguirán defendiendo en la calle los principios siempre presentes en la democracia venezolana: la solidaridad, la convivencia, la pluralidad y el respeto a la Constitución. Y con los estudiantes, mucho antes de lo que Chávez piensa, estarán los gremios, los sindicatos y la Iglesia. Y cuando la represión colme la paciencia colectiva, bajarán los cerros no a defender al régimen que ha dejado sus vidas a merced del hampa y que se ha robado el dinero prometido para construir las casas de los pobres, sino a defender a sus estudiantes y a restablecer la convivencia democrática.


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