24 junio 2007

Tiempo de palabra

Pánico socialista

El Gobierno tiene miedo; de ése que se sube por la pantorrilla, cosquillea el sacro, moviliza las tripas, se eleva al occipucio y termina en calores, sudoraciones y pegostes. Sabe que la movilización estudiantil es un cambio estratégico en la situación social. No son sólo los estudiantes, sino la juventud, la que se ha incorporado a la lucha. El régimen perdió a la clase media, a los empresarios y a los sindicatos; ahora ha perdido a los estudiantes, lo que adiciona la juventud a las filas de la disidencia. Y ya se siente que los trabajadores y los barrios vienen con su inmensa carga de revueltas reivindicativas. Los dirigentes gubernamentales piensan que tales procesos son resultado de un estado mayor conspirativo que los organiza y dirige, sin ver que son dinámicas sociales independientes que, en algún momento, convergerán. La coordinación de las luchas vendrá; no por un artificio organizativo, sino por una necesidad de los involucrados. Todavía falta maduración, pero ocurrirá.

La Copa

José Vicente Rangel, como Marciano que es, después de un coqueteo inicial con el significado de las luchas estudiantiles, se ha lanzado a fondo contra ellas. Tal vez sea éste quien en forma más articulada se lanza a mordisco limpio contra la disidencia democrática. Ha sido él quien ha tenido las posiciones más intolerantes contra la oposición y ahora, que parece volar a un cargo, es más extremista que nunca.

Asegura que hay un plan para sabotear la Copa América. La verdad es que el único que puede sabotearla es el Gobierno con su improvisación; del resto, a nadie se le ocurre tal cosa, a menos que se confunda libertad de expresión y manifestación con sabotaje. Como no hay restricción de las garantías constitucionales, los venezolanos tienen el derecho de manifestar donde les plazca, siempre de manera pacífica y sin armas. De tal modo, que si los estudiantes quieren manifestar en los días de la Copa América, sin interrumpir los partidos y sin violencia, pueden hacerlo sin que sea sabotaje.

Lo que pasa es que Rangel y Carreño criminalizan por anticipado la acción, para que una vez que se den las manifestaciones, reprimir, y poder luego afirmar que lo que preveían se habría comprobado. En la práctica, lo que buscan es una suspensión de garantías de facto.

Los Periodistas

Los periodistas han convocado lo que puede ser una gigantesca demostración el 27 de junio, que es su día. Dice Rangel, en su columna marciana, que "van a convertir la marcha de periodistas en una provocación contra la seguridad y el orden público". Los organismos de inteligencia del Gobierno apelan a la conocida táctica de la profecía autocumplida: se dice que va a pasar algo que no está en los propósitos de los promotores, pero el Gobierno se las arregla para montar provocaciones, y luego el régimen dirá: "¡vieron, se los dije!" Como dice Gustavo Tarre en Venezuela Analítica, no hay que olvidar a los infiltrados de la Inteligencia Naval, apresados por la PM dentro de una manifestación estudiantil; sapos defendidos por Min-Defensa como parte de una misión. ¿Cuál misión? ¿Crear desórdenes y luego decir que eran los estudiantes?

A lo que le teme el régimen es a que esa manifestación pueda ser, como se prevé, monumental. Al final no la podrán impedir, sin embargo tratan de disminuirle su talla por la vía del temor.

El ministro del Interior ha prohibido concentraciones alrededor o cerca de puertos, aeropuertos, estadios, vías que conduzcan a los sitios relevantes para la Copa América. Es decir, el ministro ha suspendido las garantías en todo el territorio urbano; sólo se podrá manifestar en mangas de coleo y calzadas rurales. La ilegalidad y el cretinismo autoritario no pueden ser mayores.

Las Universidades

La táctica oficial contra el movimiento estudiantil tiene varias facetas. Al Gobierno le fracasó la contraposición que quisieron hacer a los estudiantes, con un grupo juvenil oficialista que no dirige a nadie, varios de los cuales son empleados públicos, celebrados por Chávez en sus más recientes regorgallas. No se dieron cuenta que no hay nada más refractario a la juventud que las carantoñas del poder. Cuando se observa un movimiento con tufo gobiernero se produce una reacción alérgica. Así como el ejercicio del periodismo es, por definición, contrapoder; también lo es la rebeldía juvenil.

Dado el fracaso de esta táctica de inventar un movimiento estudiantil oficialista paralelo, han decidido otras. Se procura dividir a los estudiantes de las universidades y liceos públicos con respecto a los de los privados. Se hacen los locos, con magros resultados, con respecto al papel de vanguardia que cumple la siempre gloriosa UCV. Allí están juntos los de la UCAB y los de la USB, los de la ULA, los de LUZ y los de la Monte Ávila, los de UC, los de la UDO y los de Unimet. Juntos y revueltos.

Las otras dos maniobras son las dirigidas a descalificar a las autoridades universitarias, como responsables de las movilizaciones. No lo son; pero, si lo fueran, nada de malo tendría. Cabe traer a la memoria la acción del admirado y querido rector Jesús María Bianco, en la oportunidad en que fue necesario tomar las calles para defender la autonomía; Bianco no vaciló en proponer al Consejo Universitario encabezar muchas de las manifestaciones. El inolvidable Pedro Rincón Gutiérrez, cabeza de la ULA, fue el conductor de muchas imborrables jornadas de combate. A nadie se le ocurrió la idiotez -que no fuera a los del poder de entonces- de decir que profesores y autoridades no tenían derecho a acompañar o, cuando se dio el caso, encabezar, las protestas.

Todas estas acusaciones son meros embelecos para acabar con la autonomía universitaria cuyos nuevos alcances vienen empaquetados en la dictadura, revestida de reforma constitucional. Por eso, el fuego inclemente contra los rectores, especialmente en contra de ese noble caballero de la ética, de la preocupación social y de la educación de calidad que es Luis Ugalde.

Mal Consejero

Tener miedo es muy malo; es peor que ser rico. Sirve para montar patrañas como la que está en marcha. Acusan a los manifestantes de golpistas, los reprimen y después dicen, con su cara lavada, que los estudiantes agredidos fueron los agresores.

Han perdido, de manera total, la calle. Los "dirigentes" estudiantiles oficialistas son empleados públicos; a los cerros se les convoca y no bajan; a los militares se les conmina a ser socialistas y hacen la seña del mudo. Si los trabajadores del transporte luchan por lo suyo, los acusan de conspiradores. La verdad es que están muy mal; como si estuvieran enfermos del estómago. Bastó ver a Chávez huyéndole a los pobres que querían hacerle reclamos el día de la inauguración del viaducto. ¿Seguridad? Yo te aviso. Sólo miedo al soberano.


Carlos Blanco
El Universal
carlosblacog@comcast.net
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