09 junio 2007

Vecino incómodo, socio conveniente

Le doblaron las rodillas al régimen. No las tiene en tierra para enfrentar una inexistente conspiración terrorista y golpista. La autocracia vernácula está hoy postrada ante el mundo. Desenmascarada en sus intenciones y fines nazifascistas. Está desacreditada por su insensatez. Repudiada por sus desafueros. Condenada por su intemperancia y extralimitaciones.

El Supremo botó la máscara. Cruzó la imaginaria línea amarilla cuando cerró RCTV. Ya lo había hecho al subordinar los Poderes Públicos y politizar la FAN. Pretende continuarlo con la imposición del partido único, la reforma a escondidas de la Constitución y la promulgación de leyes a la medida de sus designios. Cual manso chigüirito llanero pretende enmascarar sus tropelías. Pero ya no convence a nadie. Dinamitó la democracia. ¡Se equivocó!

Los estudiantes le dieron donde era al régimen. Tuvieron eco las masivas, sostenidas, sorpresivas y pacíficas movilizaciones, la creatividad de las protestas y consignas, la defensa de la libertad de expresión y de los demás derechos fundamentales. Estos eventos fueron reseñados en la prensa mundial. Originaron mensajes de apoyo de todas partes. De muchas personalidades, instituciones e, incluso, de congresos y gobiernos hasta no hace mucho "convenientemente" amigos.

El régimen quedó deslegitimado. Lo está desde hace rato. Pero hoy es visto en el mundo como forajido. Antidemocrático. Transgresor de los derechos humanos. Su proyecto político totalitario del siglo XXI es catalogado de personalista, autoritario, militarista. Como lo es la caudillesca pretensión de ejercer la presidencia in aeternum.

Esta vez no le funcionó la provocación. No hubo salidas en falso. Ni pasos al frente. El país sacó lecciones del pasado. No le dio motivos para cortar cabezas. Falló su intención de estimular la violencia para descalificar la protesta. Fracasó su afán de incentivar hechos de sangre para generar la indignación colectiva y posterior confrontación con las fuerzas represivas (informales y formales).

En la OEA el régimen ganó perdiendo. Logró que no lo condenaran por el cierre de RCTV. Pero la medida contra la televisora igual tuvo notoriedad. Provocó protestas de periodistas del continente asistentes al evento. Tampoco se aprobó que el elusivo secretario general José Miguel Insulza visitara Caracas para una inspección in situ sobre la situación de la libertad de expresión en Venezuela. Sin embargo el caso será debatido en la próxima reunión de cancilleres del organismo.

El régimen no logra zafarse de las secuelas de su desenfreno. Todos le pasan factura. Incluso sus partidarios fanáticos del canal cerrado por mantener una posición critica. Tampoco puede escabullirse de las consecuencias de su verbo insolente al mandar "largo al ca..." a quienes reprochan su conducta despótica. Esto pica y se extiende.

Miguel Sanmartín
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