28 julio 2007

Cuestión de principios

Desde que salió a la luz el tema de la reforma constitucional hemos escuchado diversas versiones sobre el tema de la reelección indefinida, continua, vitalicia. Desde el gobierno, esto es casi lo único que se dice sobre la reforma. No se nos explica por qué la Constitución del 99, "la mejor y más moderna del mundo", y a la cual aún no se le ha dado cumplimiento, va a ser reformada. La única razón: reelección indefinida.

La Constitución vigente, si se hace cumplir, garantiza seguridad, educación, salud, vivienda, respeto a los Derechos Humanos; en definitiva, libertad y democracia. Para lo único que no sirve es para mantener "continuamente", a un hombre en el poder. Recientemente desde Miraflores se nos dijo que la reelección indefinida no es para todo el mundo. "¿Cómo se les ocurre?", dijo El Jefe. Eso es sólo para quien se sienta en la poltrona presidencial. La respuesta de los actores políticos no se hizo esperar: que eso era una barbaridad, que el Señor es un autócrata -cosa que no dudamos-, pero lo peor que escuchamos fue decir que cómo era posible que la reelección vitalicia fuera únicamente para él, que tenía que ser para todo funcionario de elección popular.

Nosotros fijamos firme posición: la reelección indefinida es autocrática y totalitaria, sea para quien sea. Pretender perpetuarse en el poder, haciendo parecer que se somete a voluntad popular, es antidemocrático y coloca en abierta desventaja a quien compite contra el funcionario electo, quien cuenta con todo el poder del Estado, región o municipio, en definitiva, con el poder que le otorga el ejercicio de su cargo, cosa que imposibilita la competencia igualitaria de los actores políticos. Oponerse a la reelección indefinida es cuestión de principios, sea para quien sea. En próximos artículos, abundaremos sobre el tema de la reforma constitucional.


Delsa Solórzano
El Universal
delsa_solorzano@yahoo.com
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