11 julio 2007

¡El país se hundió!

Hasta para hacer política hace falta innovar. La innovación constituye un valor que de ser bien entendido, puede revolucionar el mercado. Y la política, igual que todo producto que pretende su escalamiento, ocurre en medio de un mercado muy particular donde se ofertan y demandan intereses y necesidades del hombre en el fragor de circunstancias provocadas y realidades deliberadas. Sin embargo, innovar es una tarea compleja, pues debe incitar cambios de actitud que estimulen un pensamiento de ruptura con situaciones solapadas, superadas o enquistadas.

Quienes dirigen al país, deberían ser innovadores. Pero no es fácil. Es casi "pedirle peras al olmo" Los criterios de gobierno han confundido los procedimientos. Han invertido los procesos. El país viene resquebrajándose a consecuencia de decisiones rebasadas por la historia. Quienes deben ocuparse en gobernar, han comprendido todo al revés. Lejos de animar esquemas de desarrollo económico y social inspirados en nuevas teorías económicas, políticas y sociales, que consideran variables como la incertidumbre, el desequilibrio y el caos, utilizan propuestas de crecimiento basadas en conceptos relegados que sólo generan más pesadez a los procesos seguidos.

El (des)gobierno actual se empeñó en retroceder confundiendo así los objetivos declarados por el Plan de la Nación. Simplemente, basan sus decisiones en la coerción, en las represalias para afianzar su poder político. Equivocadamente, determinó des(institucionalizar) las Fuerzas Armadas restándoles legitimidad a sus actos. Intenta descalabrar sus valores al peor y atrasado estilo cubano, con aquello de "patria, socialismo o muerte" cuando debería enaltecerse la vida por encima del temor que infunde la muerte. Pero sucede tristemente, que el país se hundió.

Antonio José Monagas
El Universal
amonagas@cantv.net
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