24 julio 2007

Los pelones de la egolatría

Luego de cinco horas de parloteo egocéntrico durante los cuales ratificó su ambición relacionista, (sólo la suya), regañó a un dirigente vecinal por decir lo que piensa y no lo que él deseaba escuchar, confirmó con admirable sinceridad que sí van a adoctrinar a los niños y anunció la destrucción de una zona protectora para construir una ciudad pretendidamente socialista, se despidió sin una sola referencia al estado de postración en que se encuentra Pdvsa.

Sumergida en un pozo de corrupción sin fondo, en mengua constante la producción, más dependiente que nunca de las transnacionales y clintelizada hasta la náusea, la crisis total de Pdvsa simplemente no existe, es un espejismo mediático y un invento de la oligarquía para perjudicar el poder popular (es decir, el mío).

Con el desparpajo propio de los ególatras y la desverguenza que proporciona la impunidad, el hombre ignoró el colapso total de la nueva Pdvsa, de la Pdvsa roja rojita, de la Pdvsa que es de todos (de todos los chavistas enchufados), cada día más cerca de la muerte que del socialismo, (para el caso son la misma cosa) y cada vez más lejos de la patria, saqueada por bandoleros con patente de corso y Hummers a la puerta de sus mansiones.

Quizás por esa egolatría insaciable haya perdido el foco y piense que ya se pasó a la siguiente etapa de la revolución. Aquella en la cual, idealmente, el dominio es total y por tanto los únicos medios existentes, a su total disposición, pueden deformar la realidad o simplemente desecharla para construir una ajustada a sus deseos y sus delirios.

Un pelón grandioso si tomamos en cuenta que los medios libres de su diktat están allí, supliendo sus cómplices omisiones e informando la verdad, de manera que está en evidencia, ha sido pillado in fraganti.

Pero no sólo eso, porque la descomposición es tan profunda, que hasta los propios diputados oficialistas han osado quebrantar la línea impuesta desde arriba con una interpelación tan escandalosa por sus revelaciones y el descaro del señor Vierma (quien pretende llevarse en su caída a la directiva de la industria), que sólo la Fiscalía y la Contraloría parecen no apercibirse del masivo pillaje que desbasta sin remedio a nuestra única fuente de ingresos.

Y ahí está el detalle. Aún no hemos llegado a ese nivel de alienación y de desinformación al que se nos pretende someter, cómo para que, ignorantes de lo que ocurre, nos comamos el cuento de la inclusión, de la responsabilidad social de Pdvsa y de una reestructuración que pretende convertirla en una superempresa capaz de fabricar hasta televisores, cuando ni quiera puede cumplir su cometido original y están robando a espuertas confiados en qué nadie les pasará la factura.

Roberto Giusti
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