31 julio 2007

Mi bandera

El color de mi bandera es amarillo, azul y rojo. Asombrosamente en algunos edificios públicos en nuestra patria, como por ejemplo en el Centro Salvador Allende de Barrio Adentro II que administran los cubanos en la avenida Río de Janeiro, en Chuao, han cambiado nuestra bandera y han colocado otra con las mismas tres franjas, pero cuyos colores son negro, rojo y amarillo con las ocho estrellas características en su franja central y con un escudo en su esquina superior izquierda. Yo pienso que alguien debería explicarle a estos señores que independientemente de su inusual influencia en nuestro país, no tienen el derecho a transformar nuestros símbolos patrios. Más aún, pienso que nuestras autoridades deberían elevar una airada protesta diplomática ante el gobierno de la isla.

A pesar de que las autoridades callan ante tan abusiva manifestación de desprecio por uno de los símbolos de nuestra nacionalidad, los oficialistas sin embargo se rasgan las vestiduras porque en las manifestaciones y marchas de la oposición, algunos ciudadanos enarbolan la bandera al revés, es decir, rojo, azul y amarillo.

Ni apoyo ni me opongo a tal forma de protesta. Donde existe libertad de expresión, los ciudadanos tienen el derecho a protestar recurriendo a usos pacíficos que son internacionalmente reconocidos. Eso sí, en modo alguno tal señal constituye una manifestación de irrespeto hacia la bandera. La bandera al revés es una tradición consagrada por las costumbres y utilizada desde el tiempo de los fenicios para comunicar una situación de emergencia o peligro, como es el caso de amotinamiento o secuestro. Antes de que existiera el código Morse -que puso en boga la señal de SOS-, cuando algún buque enfrentaba alguna dificultad que pudiese colocar en riesgo la vida de sus pasajeros y tripulantes o la integridad misma del navío, la costumbre era izar la bandera al revés, en señal de petición de auxilio.

Quienes desde el oficialismo se dedican a denigrar e incluso a amenazar con multas y arrestos a quienes optan por protestar recurriendo a procedimientos universalmente aceptados, no hacen otra cosa que poner de manifiesto su falta de conocimientos. Es el mismo desconocimiento que evidencia una propaganda anónima oficialista transmitida en forma gratuita y obligatoria por todos los canales de televisión, donde injurian a la oposición acusándola de irrespetar la bandera.

A esos oficialistas me quiero dirigir para explicarles algo que ellos obviamente desconocen: la Bandera de La Demajagua. Esa bandera es uno de los símbolos más sagrados de Cuba. Fue enarbolada por primera vez el 11 de octubre de 1868 en el Ingenio La Demajagua, al iniciarse los enfrentamientos de los patriotas cubanos en su intento por independizar a su patria. Es tan sagrada para los cubanos que: "¿ sólo será enarbolada en la ciudad de Bayamo, monumento nacional, según lo dispuesto en la Constitución vigente, y en las unidades de la Marina de Guerra los domingos y días festivos en puertos nacionales, y todos los días en puertos extranjeros, o al encontrarse en puerto nacional conjuntamente con buques de guerra extranjeros. La bandera de La Demajagua, denominada bandera de bauprés en la Marina de Guerra, se desplegará en un asta colocada en la roda o proa del buque".

La cita anterior está tomada textualmente de las Reglas de Uso de la Bandera, vigentes en la República de Cuba. Por cierto, el punto IX de esas mismas reglas reza: "Si es izada la Bandera al revés, con dos puntas de la estrella hacia arriba, se indica desastre o petición de auxilio".

Esa es precisamente la razón por la cual algunos manifestantes de la oposición recurren a esta señal. Están gritando a los cuatro vientos que en nuestra patria se están conculcando progresivamente los derechos humanos y muy particularmente la libertad de expresión. Que se ha perdido la independencia de los poderes y que nuestra democracia ha sido secuestrada y reemplazada por un sistema que, por carecer de legitimidad de desempeño, dista mucho de ser democrático. Que la gobernabilidad en nuestra nación ha caído a niveles nunca antes imaginados y que la corrupción campea por sus fueros.

En fin, que en nuestro país hay un verdadero desastre. Por ello muchos compatriotas, impotentes ante lo que perciben como una dictadura en proceso de instalación, formulan una petición de auxilio dirigida en primer lugar a todos los venezolanos, pero también a los organismos internacionales encargados de la preservación de la democracia y la defensa de los derechos humanos.



Jose Toro Hardy
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