22 julio 2007

Nuestros nazis

La concepción de Estado que tiene el actual gobierno tiene mucho que ver con la idea de un Reich, de un Führer, de un Volks, de un Blut und Boden, con una doctrina muy a lo Volgemeinschaft y con una estrategia Vernichtung en cuanto a la oposición. Es muy probable que Chávez no tenga ni idea de lo que estas palabras significan, pero sí sabe lo que es ser un Líder único, un solo partido, sí conoce de Patria, socialismo o muerte, de soberanía popular y guerra total en contra de los enemigos. Quizás nunca haya leído a Carl Schmitt, Martin Heidegger, Alfred Bäumler, Erick Wolf, Frederick Georg Jünger y tantos otros intelectuales que justificaron el nazismo, pero sus conceptos de soberanía absoluta, su idea sobre el parlamentarismo como un engaño a la voluntad popular, sobre la ley como instrumento del líder para el control de la población, de la aclamación popular como expresión de soberanía, sobre la inutilidad de las elecciones, el uso de la fuerza máxima en contra de los enemigos y la cobardía de las naciones como rasgo de vasallaje, son en cambio ideas con las que no sólo comulga sino que practica. Ya existen en Venezuela señales de lo que enfrentamos: nuestras cárceles son campos de concentración y donde van a parar los presos políticos, los ataques en contra de la Iglesia católica y el antisionismo es un claro indicativo de la intolerancia reinante, tenemos conflictos con los países vecinos en puerta, estamos embarcados en una loca carrera armamentista, la sociedad está militarizada y bajo el régimen del terror, no libertad de expresión se reduce cada vez más y los "camisas rojas" ya son un recordatorio constante de nuestro nazismo tropicalizado, que a falta de raíces arias, buenas son las caribes.

La política, para nazis y chavistas, se reduce a una relación de aliados y enemigos, para los aliados que aceptan el dominio, cargos, privilegios y poder mientras sean absolutamente leales, lo que puede llegar a significar tener que dar la vida por el líder cuando éste se los pida. Para los enemigos, la destrucción cuando no se puedan doblegar y controlar. Este es el resultado de una ideología que nada tiene que ver con el comunismo sino con el totalitarismo, esa visión que no acepta y comprende al "otro" sino como amenaza y riesgo; Schmitt elaboró largamente sobre el asunto concluyendo de manera brutal que ninguna identidad puede ser conformada sin la existencia del enemigo, interno y externo.

Para el fascista, la ley no es ideal, ni virtud, ni compromiso civilizatorio, es una herramienta de destrucción tan efectiva como un tanque o un fusil al momento de implantar la necesidad totalitaria de su existencia, negadora de toda diferencia y opuesto, la ley es para los demás, no para el revolucionario, de allí su desprecio a las formas y a la justicia como fin. Los nazis consideraban al Parlamento como un insulto a la voluntad popular, Hitler se burlaba de los que pretendían ser representantes del pueblo por el voto popular, "La soberanía termina en las urnas", decían, veinte millones de personas expresando su voluntad particular no hacen la voluntad popular, ésta, sólo se conseguía en la calle, en las aclamaciones multitudinarias, en los plebiscitos de los estadios llenos, en las marchas cívico-militares.

En tiempos de Hitler, se fue cerrando la participación, los partidos políticos fueron ilegalizados y sus miembros absorbidos por el partido nazi. El Parlamento alemán desaparece cuando otorgó las primeras leyes habilitantes. Los jueces perdieron su autonomía cuando se vieron obligados a prestar juramento de obediencia al partido y las acciones judiciales pasaron de manera sumaria a los organismos de seguridad del Estado, el ejército dejó de ser de Alemania para estar al servicio del partido y su líder.

Mientras esto ocurría, el Ministerio para la Ilustración Popular y la Propaganda en manos del genio maléfico de Goebbles, anunciaba al mundo una Alemania progresista, pacífica, libre y democrática, amante de la paz. Según el analista Sebastian Haffner, el nazismo no era una ideología sino una caracterología, una cosmovisión que apelaba a determinados instintos y personas, no muy brillantes, pero ávidos de la aventura revolucionaria, dispuestos al sacrificio y a la violencia, necesitados de pertenecer a una causa que se les vendía como heroica y justa, pero que en realidad era para conformar gavillas que perseguían brutalmente a los "vencidos" y desarmados, en una lucha que parecía legal pero de fines inhumanos. El partido nazi, no era conformado por un grupo de ciudadanos preocupados por el bien común, sino una multitud de secuaces y cómplices tratando de agradar al líder máximo, con la intención de dominar al mundo. Lo que sentimos los venezolanos es que el fascismo socialista renace de sus cenizas en nuestro país.

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