21 julio 2007

A paso de vencedores al precipicio

Incompetencia y derroche. Descontrol y corrupción. Populismo y fracaso. Coba y abuso. Sectarismo y maniqueo. Deterioro y reclamos. Pobreza y muerte. Charlatanería y desencanto. Son algunos de los signos y efectos más protuberantes de la "revolución bonita". Es el balance que el común, antes proclamado soberano, hace hoy, después de casi nueve años de conflicto, incertidumbre, controles e intervención estatal, del sintético socialismo (totalitarismo neocomunista) del siglo XXI.

El país es arrastrado por caminos paralelos. Por un canal transcurre lo político-militar. Por el otro lo económico-social. Ambas travesías conducen al mismo precipicio. Vamos a la confrontación. Hacia las tinieblas.

Por un lado el régimen acelera la instauración de la hegemonía totalitaria in aeternum: Cambios en la cúpula militar. Formación del partido único. Modificación constitucional. Promulgación de "leyes tenaza" para centralizar el poder, reprimir la disidencia y aumentar los controles sobre la sociedad. Vienen más leyes draconianas como la de Ilícitos Cambiarios, de Propiedad Privada, de Libertades Económicas y de Educación, entre otras.

Por otro lado, haciendo piques, avanza el descalabro económico. El régimen lo sabe. Trata de disimularlo pero ya es muy evidente. No encuentra como bajar la inflación. Tampoco como contener el dólar paralelo. Menos como promover la inversión privada. Ni como estimular la producción interna. Ni como abastecer los estantes y neveras del comercio. La agricultura de conuco y de cooperativas ha sido un fracaso. Igual que los desarrollos endógenos y los cultivos organopónicos. Ni se diga de los gallineros verticales. El país sigue importando. Cada vez más. ¿Hasta cuándo tanto despilfarro?

Los gastos del gobierno siguen creciendo. Más que los ingresos. El caudillo manirroto continúa el dispendio. En algunos casos subsidiando la holgazanería de un ejército interno de oportunistas. También comprando (¡a qué precios!) lisonjas y adhesiones en el exterior. Presta y dona. Financia y condona. La petrochequera ya no da para tanto. El deterioro de la industria petrolera es creciente. Alarmante. No importa el precio internacional del crudo. El problema es que Venezuela no lo está produciendo. Ya lo admiten públicamente los jerarcas de Pdvsa. La crisis que viene es fuerte. La reacción que se desprenda de ella es impredecible.

A todas estas el caudillo y su séquito más íntimo son ciegos y sordos. Y también indiferentes a las consecuencias. El colapso está a la vista. Los alertas y advertencias no le faltan. Pero el afán es el poder. El control total. La perpetuidad en el cargo. Permanente o continuo. No importa como lo logre. Ni como describa su obsesión. Como la disfrace: Revolución, socialismo. Es lo mismo. Siempre será una dictadura militarista, neocomunista. Un atentado contra la democracia.

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