27 julio 2007

Peligrosas semejanzas






Por allá por los años 60 gobernaba en Indonesia un militar, de esos que se sienten indispensables y providenciales. Tenía méritos, pues había conducido su país hacia la independencia y luego en la ciudad de Bandoeng, había sido uno de los iniciadores del llamado Tercer Mundo. Su nombre era Soekarno y salió del poder por izquierdoso y corrupto.





Lo reemplazó otro militar llamado Suharto, quien llegó a la Presidencia prometiendo acabar con el nepotismo y la corrupción. Además de las violaciones de los derechos humanos, Suharto es recordado en la historia por haber acabado con el potencial petrolero de su país. ¿Cómo lo logró? Haciendo de la compañía estatal Pertamina un verdadero monstruo, antro plagado de corrupción que extendía sus tentáculos en todos los ámbitos económicos y sociales del país. Además de petróleo, Pertamina se ocupaba de obras públicas, telecomunicaciones, sembradíos de arroz, productos farmacéuticos. Suharto, su familia, sus amigos y unos cuantos militares privilegiados se enriquecieron en forma grotesca, pasando también a controlar todas las compañías de exportación que existían en Indonesia. Se suponía que la total falta de transparencia, competitividad y eficiencia de Pertamina se justificaba por sus grandes aportes al desarrollo económico y social del país.

Suharto gobernó en forma continua durante treinta años. Cuando Indonesia decidió salir de los modelos económicos que había implementado, en el país habían muerto centenares de miles de personas. Para incorporarse al boom de sus vecinos, los Tigres Asiáticos, tuvieron que hacer enormes sacrificios. La industria petrolera nunca volvió a ser lo que era antes y el caso Pertamina se estudia, en las universidades del mundo entero, como un ejemplo de lo que no se debe hacer para lograr una compañía exitosa.

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