20 julio 2007

Todo el poder para Chávez

Parece estar muy cercano el día en que finalmente la versión definitiva de la controversial reforma constitucional sea presentada por el Presidente a la Asamblea Nacional. No existe un hecho más denso ni más importante para la vida de todos los venezolanos que la pretendida modificación constitucional.

El plan de acción del Gobierno es evidente: presentarla en la Asamblea con toda la pompa, en cadena nacional, con un larguísimo discurso de Chávez que pretenderá justificar lo injustificable. Luego se ordenará su distribución y se fijará un día para realizar la primera y general discusión del proyecto en la cual la mayoría de los diputados se desbordarán en loas a su contenido, en la necesaria (para ellos) modificación planteada por el Presidente, con una indefinida (o continuada según quien lo diga) sucesión de oradores que pretenderán en sus derechos de palabra defender que la Constitución de 1999 era buena pero que debe ser modificada para darle más poder al pueblo y lograr los niveles de desarrollo que hasta esta fecha, luego de ocho años y medio de gobierno y siete años de vigencia de la Constitución, no se ha alcanzado.

Algunos diputados dirán que no están de acuerdo con algunos de los aspectos contenidos en la propuesta, que éstos deben ser revisados a profundidad. Todo ello estará contemplado dentro del guión. Es necesario dar algunas señales de independencia entre los poderes, es necesario aparentar que el Gobierno cederá ante las modificaciones que al proyecto le hará la Asamblea para subrayar luego que son independientes y autónomos como poder, que le cambiaron una coma por un punto y coma. Y el Presidente proponente de la reforma terminará declarando que aun cuando él no estaba de acuerdo con ese punto y coma, acepta el cambio que democráticamente hará el parlamento.

El proyecto será remitido a la Comisión Coordinadora para abrir un supuesto proceso de consulta pública, el denominado parlamentarismo de calle con escenarios y público controlados, para luego alegar que la reforma ha sido ampliamente consultada con el pueblo.

En paralelo comenzarán las negociaciones dentro de las fuerzas del chavismo. La primera de ellas ya es evidente: Cilia ha señalado que la propuesta contiene la reelección continuada (indefinida) sólo para el Presidente. Algunos diputados alegarán que ese es un trato discriminatorio, serán aquellos que tienen intereses directos en que algunos gobernadores o alcaldes se reelijan; señalarán que la propuesta debe ser ampliada para incluirlos a todos. Terminarán eliminado la prohibición constitucional de más de una reelección para todos los cargos, dirán que con autonomía oyeron al pueblo y modificaron la propuesta original.

En paralelo a estos procesos de negociación dentro de las filas del chavismo, de aparentes modificaciones puntuales, se realizarán la segunda y la tercera discusión que terminarán aprobando el verdadero proyecto de reforma que quiere Chávez. Todo el proyecto puede resumirse en tres grandes aspiraciones: consagrar su deseo de permanecer indefinidamente en el poder (la reelección indefinida, que constituye la causa fundamental de la reforma), establecer un modelo de estado central o unitario (en donde él lo controle todo y tenga la posibilidad de destituir o acabar por diversas vías con todo aquel que no se alinee a su proyecto) y, finalmente, disminución de la propiedad y lo privado a su mínima expresión (en consecuencia, aumento de lo público en sus manos al máximo que le sea posible).

Mientras este proceso ya está en marcha, pareciera que en cada sector de la población venezolana existe un desconocimiento real de lo que vendrá, de la gravedad de los contenidos, de los efectos que esa modificación constitucional puede producir y, con algunas excepciones, en la mayoría de los escasos sectores "informados" están a la espera de la versión definitiva a presentarse en la Asamblea para concentrarse en aquellos aspectos puntuales que lo afectarán y ver si logran algún cambio que la haga un poco menos mala o dañina a cómo originalmente se anuncia.

Esa estrategia es un error de caras consecuencias. La atomización para enfrentar la pretendida reforma jugando al personalismo o a la defensa parcial de su pedacito, hará que la estrategia de Chávez triunfe y se nos imponga la reforma. En este tiempo es necesario convencer a todo aquel que podamos, chavista o no, de la verdad: con la reforma no se solucionará ningún problema a excepción de los problemas de Chávez. Si Chávez cumpliera con la Constitución vigente estaríamos mejor como país. No lo estamos porque no cumple la Constitución y la quiere reformar sólo para beneficiarse él. Si Chávez gana poder, el pueblo pierde poder. Al pueblo es a quien le quitará el poder.


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