16 agosto 2007

Carta a un General Venezolano

Perdone que me asome a su rutina, mi General. Pero es que entre sien y sien tengo un montón de inquietudes pidiendo salida. Voy a abrirles la puerta, con su permiso. ¿No siente usted, mi General, un hormigueo en la conciencia cuando contempla desde primera fila el desmantelamiento de la armazón democrática del país?

¿No le produce vértigo este torbellino de despropósitos que arrastra a Venezuela hacia ninguna parte? ¿No le alborota la bilis, mi General, la escandalosa corrupción que se pasea en cueros por las más altas esferas del gobierno? ¿No le crujen los dientes cuando observa como se utilizan los recursos públicos para avivar subversiones foráneas y comprar fidelidades internacionales? ¿O acostumbra desviar la mirada?

¿Le atraen, mi General, la guerra, la destrucción y la muerte? ¿Le gusta el rol de mártir que Chávez le ha asignado en su guerra asimétrica? ¿O prefiere el papel de verdugo de sus conciudadanos que la revolución le tiene reservado? ¿No le llama la atención la estructura paramilitar que el presidente está levantando en sus propias narices? ¿Cuchillo para cual pescuezo? ¿No le sube un calorcito a las mejillas, mi General, cada vez que se ve forzado a aplaudir, frente a todo el país, las necedades y las insolencias de su comandante en jefe? ¿Se siente usted cómodo cumpliendo con la patriótica obligación de reírle los chistes al presidente?

¿Desde cuándo, mi General, no se da una vuelta por el artículo 328 de la Constitución? ¿Recuerda, aunque sea por casualidad, que usted está al servicio exclusivo de la Nación y no de persona o parcialidad alguna? ¿O ya decidió poner su capacidad y su esfuerzo a la disposición de un proyecto personalista y retrógrado?

¿Se ha dado cuenta, mi General, que títulos y charreteras son desechables en este proceso? ¿Ha visto con cuanta facilidad se pasa de la cima al abismo, de la oficina gubernamental al exilio, del elogio a la humillación? ¿No será usted parte del menú que la revolución habrá de engullir más temprano que tarde?

¿Se emociona usted, mi General, cantando el himno nacional de Cuba? ¿No le da grima rendirle cuentas a los comisarios de Fidel Castro? ¿Qué entiende usted por soberanía?

¿Desde cuándo no se encuentra usted con nuestro Libertador Simón Bolívar, mi General? ¿No se ha tropezado últimamente, por ejemplo, con ese monumento a la civilidad que es el Discurso de Angostura? ¿O usted cree que el pensamiento del Libertador se reduce a las tres o cuatro frases que su comandante en jefe regurgita en todo tiempo y lugar?

¿Es usted feliz, mi General? ¿Tiene buena digestión? ¿Cómo andan las jaquecas y el insomnio? ¿Puede usted mirar a sus hijos o a sus nietos sin que la vista se le nuble? ¿Ha pensado en el país que les dejará en herencia?

¿Se ha dado cuenta, mi General, de que más allá de su oficina hay un país hundido en la miseria y el caos? ¿Ha notado que después de sus guardaespaldas hay un pueblo atrapado entre el hampa común y la delincuencia del gobierno?

¿No le duele este país, mi General? ¿No le pesarán mañana los dos o tres soles que hoy lleva encima? ¿Está usted preparado para enfrentar el juicio de la historia por lo que hace o ha dejado de hacer?

¡Permiso para retirarme, mi General!

Enviado por correo. Desconozco el autor...
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