13 agosto 2007

Estado Socialista Petrolero

A un mundo donde todo, como el aire, será gratuito, nos conducirá, reforma constitucional mediante, el socialismo del siglo XXI, previa supresión del lucro, la ganancia y la competencia, prácticas que serán aniquiladas para dar paso a la planificación centralizada, la preeminencia de la propiedad estatal y el dirigismo, donde el tema de la ideologización, en el entendido de que Patria es la tierra natal, deja como única opción, usted escoge: socialismo o muerte.

Plantados en esta patria, en el siglo XXI y apenas a meses de cumplir el mero trámite de la aprobación de la reforma constitucional en la Asamblea Nacional y la celebración del referéndum por el CNE, podemos exclamar: ¡Al fin, libres! Bendito sea nuestro dios (con minúsculas para no confundirlo con el Dios, en vías de expropiación, de los cristianos-no-socialistas), dotado él de todos los poderes: Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Moral, a quien también por Gracia (suya, como ha de ser en todo dios) se le ha concedido el poder de la ubicuidad, para gobernar cada Estado o territorio, localidad o comuna; la facultad de saldar la deuda de todos los países del mundo, alterar las leyes y cambiar el curso de la historia, durante los primeros 13 años de gobierno, para luego hacer que la naturaleza le obedezca, a cualquier costo en dólares, euros o barriles de petróleo.

¡Libres!

¡Al fin libres de la intemperie, el hambre y las enfermedades! Libres para transitar por el territorio nacional sin pagar peajes para la construcción y mantenimiento de las autopistas, para disfrutar de la progresiva eliminación de las tarifas en los subterráneos, como a Dios gracias ha de suceder en los teleféricos de Mérida y de Caracas, autobuses de turismo y hoteles, por días o por horas, pues nada justifica las distinciones en materia de recreación y ganancias para un Estado que se propone cumplir con su principal deber: proveer al pueblo de la mayor suma de felicidad posible. Emancipados de pagar indirectamente el arancel por la importación de alimentos, pues los distribuye Mercal, y en vías de independizarnos del IVA "por la bondad del gobierno", previa derogatoria de la ley de la oferta y la demanda, la implantación de regulaciones y controles de precios, penalizada la rebeldía con mayores importaciones o nacionalizaciones y ¡nunca más! con incentivos a la producción, a la propiedad privada o a la libre iniciativa, simples consignas de las Cías para justificar retornos de capital, ganancias y reinversiones, además de absurdas previsiones para aumentos de salarios decretados o para soportar el costo de la reposición de mercancías.

Gratuito y bendito

Bendecidos por la rebaja de las tarifas de la telefonía celular, la gratuidad de la atención médica, por intercesión de la indulgencia cubana, de los exámenes, medicinas y camas de hospitalización. Surtidos los 26 millones de venezolanos de varias franelas y gorras unicolor como señal universal de su apoyo al Gobierno, de su adhesión al partido unido, de su participación en las empresas socialistas, de haber culminado la total ideologización en las escuelas y en las fábricas y la instauración de la hegemonía comunicacional. Además dotados con casas construidas por una de las nuevas filiales socialistas de Pdvsa y con derivados de hidrocarburos, garantía de su bajo costo.

Material bélico

Provistas la Fuerza Armada, la reserva, las instituciones de fiscalización de todo el instrumental bélico y represivo, para contener la desestabilización con que amenazan los disociados, rebeldes a la terapia de insultos aplicada por el equipo gubernamental. Garantizada la remuneración -puntual o no- de quienes hacen labor de patria en cada una de las misiones, sumado al ya legendario subsidio al pasaje estudiantil, el quince y último de los funcionarios, sus pólizas de seguro, vacaciones, bonos, aguinaldos y demás partidas presupuestarias para mantener los múltiples organismos públicos, mientras los consejos comunales (billones adicionales) le hacen el trabajo.

Absorto ante la febril generosidad gubernamental, algún diablillo se coló entre trazos y garabatos de la reforma constitucional y preguntó: ¿quién paga lo gratuito? Apenas un instante para responderse (nada obvio): ¡el Estado Socialista Petrolero! "Comencemos a desarrollar la tesis del socialismo petrolero" (en el Aló, Presidente del 02/05/07), al ritmo que las ansias de gloria universal apuraban las siglas en inglés: O.S.S. ¡A buen seguro los apátridas, disociados, ya invirtieron las letras: ¡Economía S.O.S!

Marisol García Delgado
El Universal
cedice@cedice.org
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