28 agosto 2007

Instrucciones para no llorar

Luce inexplicable la pasividad de la oposición, tanto dirigencia como colectivo, ante el avance, hasta ahora incontenible, de la reforma constitucional, vale decir, de la dictadura que pretende consagrar Chávez.

Parece mentira que un pueblo capaz de rechazar con la energía con que lo hizo el cierre de RCTV, se mantenga en plácida inmovilidad frente a la tentativa final por liquidar no sólo la libertad de expresión sino los principios fundamentales de la democracia.

La criminal liviandad con que nos estamos dejando someter, inmersos, como nos tienen, en discusiones bizantinas sobre temas, que siendo relevantes, dependen única y exclusivamente de la reelección presidencial indefinida, ponen de evidencia el estado de confusión y postración mental en que nos encontramos.

Saquemos del medio la paja que rodea la nuez del designio presidencial, recordemos que el 15 de agosto ya sabíamos lo que nos iban a "proponer", , lo único importante: Chávez se quiere morir en el poder. Lo demás, la propiedad privada, las Fuerzas Armadas, las libertades, la centralización y el socialismo o comunismo, resultan accesorio porque en la medida en que logre perpetuarse en el poder lo demás, es decir, todo eso antes mencionado, vendrá por añadidura. Ergo, si evitamos la reelección indefinida, le pondremos un freno a la dictadura, si no lo hacemos, a llorar al valle, pero no al de Caracas, sino al de los caídos

Obviedades aparte, para Chávez el socialismo no resulta, como doctrina, un fin en sí mismo, sino un medio, como estrategia, para acrecentar su poder, concentrarlo y prolongarlo hasta el infinito a través de la gran justificación ética: el poder para los oprimidos, cuya encarnación soy yo.

Allí no hay doctrina o ideología que valga sino la utilización repetitiva de un método de dominación absoluta que funciona hasta un momento dado, porque al final los totalitarismos caen, los tumban o se transforman.

Pero como la llegada de ese momento es impredecible y aún estamos varios pasos por delante, es menester que esa conciencia democrática, aparentemente arraigada en buena parte de nuestra sociedad, se active y salga a la calle a dar la pelea y conmover a la otra parte del país que permanece embebida en la ensoñación chavista para que despierte y no se haga cómplice del crimen, en este caso, suicidio inducido, en que nos quieren involucrar.

Lograrlo significa olvidar las disquisiciones teóricas, incluso el dilema entre participar o no participar. Eso lo decidirán las circunstancias. Lo que se requiere es hacer demostraciones de poder político, de fuerza social y democrática organizada y en movimiento. Y para eso hay que unirse más allá de las mezquindades.

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