14 agosto 2007

Perseguido por el escándalo

Lo que se convertiría en un triunfal paseo por medio continente para promover la alianza energética suramericana, consolidar un pretendido liderazgo continental y borrar así la raya del cierre de RCTV, con final glorioso y aclamación total en la Cumbre de Petroamérica, se convirtió en un gris periplo tenazmente perseguido por el fantasma del maletín.

Toda la estrategia, minuciosamente trazada, para transmitir la sensación de un proceso integrador con Venezuela y su petróleo convertidos en el centro alrededor de cuya órbita girarían planetas, planetoides, satélites, asteroides y algunos meteoritos extraviados, se vino abajo en el momento en que la insistencia de María Luján Telpuk, una policía aeroportuaria de 30 años, puso al descubierto el alijo con los 800 mil dólares.

Dígase lo que se diga, hasta que el asunto quede aclarado, si es que algún día se aclara, el hallazgo compromete a funcionarios de primera línea de dos gobiernos y de dos compañías petroleras en un oscuro episodio del cual emana el intenso tufillo de la corrupción. La diferencia es que mientras en Buenos Aires el Gobierno, luego de un sospechoso titubeo, decidió, impulsado por razones políticas y electorales, airear el caso y hacer rodar, hasta ahora, una cabeza, en Caracas se pretende ignorar el escándalo o, peor aún, culpar al "imperio norteamericano" de lo ocurrido.

Allí la prensa ha ido develando la trama con ejemplar determinación, aprovechando al máximo el derecho al libre acceso a la información, mientras aquí se ponen todos los obstáculos a los medios. En Venezuela el Fiscal se encoge de hombros frente a la comisión de un delito tipificado por la ley de ilícitos cambiarios, pero en Argentina Fiscalía y tribunales, al principio ciertamente remolones, actúan presionados por una opinión pública exigente y debidamente informada.

Pues bien, pese a las intenciones de taparear, ocultar y manipular, el caso se les fue de las manos porque trasciende las fronteras y ahora el Presidente venezolano no sólo aparece ante el mundo como cabeza visible de un régimen que cierra medios de comunicación sino que, también, ampara hechos de corrupción, si consideramos que a una semana del maletinazo y perseguido a través del continente por el escándalo, apenas si hizo una breve referencia en Buenos Aires, mientras su embajador en Buenos Aires negaba obstinadamente lo que luego se revelaría como un hecho incontrovertible.

Idealmente los gobiernos revolucionarios cauterizan con bárbara eficacia los brotes de descomposición, pero en la práctica el poder absoluto convierte, a quien lo ejerce, en el primero y único responsable de los crímenes cometidos en nombre de esa revolución.


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