09 agosto 2007

Problema ético

De Chávez saldremos. A pesar del dinero que le granjea el colaboracionismo, su estructura de poder está en precario equilibrio. Colapsará cuando los vectores políticos confluyan y sea el tiempo de cuajado de la corrupción y deterioro internos. Mientras esto sucede, muchos se aprovechan, agarrando aunque sea fallo la parte que corresponde al pueblo. Pero caerá, caerá por su propio peso que él mismo ha anunciado.

El problema no es ése. Ni siquiera la inestabilidad que tal situación procreará. El problema es cómo rescatar la honestidad y la dignidad del pueblo venezolano; cómo restituir el tejido social, maleado por la abundancia y corrompido por el afán totalitario; cómo instituir los valores éticos que permitan nuevamente la convivencia y la prosperidad social.

Es posible que nuestra capacidad nos ayude a reconstruir las estructuras disueltas; restablecer los medios de producción, comercialización y reproducción. Es posible, sí, que con el ingenio venezolano logremos rehacer las instituciones y sistemas productivos con cierta rapidez, o al menos suficiente para no entrar colectivamente bajo los niveles críticos de pobreza.

Para esto, sería preciso enderezar la escala de valores de los venezolanos. La honestidad, el esfuerzo propio, el respeto del otro, el sentido ecológico, la equidad, la justicia. El funcionario corrupto tendría que volverse honesto; el empresario aprovechador tendría que tener medida; el militar defendería la vida de los ciudadanos; el ciudadano tendría que respetar las leyes y el juez decidiría de acuerdo a Derecho. Un mundo, si no perfecto, perfectible.

Los ciudadanos rasos, más sabios que sus gobernantes, tendríamos que ponernos en esta campaña por los valores. Como la prédica del odio genera violencia, la prédica del bien exige compostura. No escuchemos el grito del rencor y del abuso; propaguemos el mensaje del perdón, la honestidad, el respeto. Demos el ejemplo que los gobernantes no han sabido dar; entonces podremos exigirlo.

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