11 octubre 2007

"Basta de palabras"

Llegamos al despeñadero y perdemos un país que era próspero, alegre, en vías de salir del oscurantismo dejado por décadas de dictaduras. Alcanzamos ya la ruta de la destrucción definitiva de la sociedad venezolana, por un grupo sediento de poder y de riqueza ajena; individuos que jamás hicieron méritos para lograr triunfar en democracia. Su única opción de éxito fue montarse en una aventura de mentiras y tergiversación de la historia. Nos han sumergido en un mundo bizarro, donde lo malo ahora es bueno, la indecencia es decencia. Ello, en razón de que la amoral revolucionaria es carente de ética, pues el objetivo justifica los medios. Para estos individuos, no es robar el sacar inautorizadamente los cobres encerrados en el Banco Central de Venezuela, o apropiarse de los ingresos de PDVSA, para beneficio personal; pues tales acciones sólo son reivindicativas de los años en que estuvieron "desplazados". Son tan ineptos que tardaron 9 años en destruir un país que era rico, en riquezas materiales y gentes.

Tardaron 9 años en acabar con el azúcar, la carne, el pollo, la leche, el arroz, el papel sanitario, las medicinas, los huevos (de gallina), la leche condensada, los pañales, las toallas femeninas, los dólares, y un largo etcétera. Lo insólito es que no tardaron mucho en hacerse de grandes lujos e insinuar que ahora tienen ese derecho, pues estuvieron autoapartados por 40 años en una democracia que sí construía viviendas, que generaba puestos de trabajo, que tenía la industria petrolera más sólida y científica de toda la bolita del mundo. Había pobres; claro que los había, pero ahora tenemos más. Venezuela está atiborrada de pobreza y miseria, a pesar de que desbancaron el erario público en una suma que sobrepasa largamente los 700 mil millones de dólares, y trataron de imponer la antieconomía irracional de las importaciones, con la intención de destruir al sector industrial y productivo nacional. Patéticamente, el revocado y perdidoso regala lo que no es suyo y que hace falta aquí.

¿Cuándo diremos que no somos propiedad de caudillito alguno y que sólo debemos subordinación a la República de Venezuela? ¿Electoralmente, si no hay democracia en garantía? No, lo que hay es que botarlos, a los que destruyeron a Venezuela; que no son muchos, pero son mágicos: convencen a los más humildes del pueblo que ellos los dignificarán, cuando llevan 9 años generando más pobreza pareja. ¿Por qué los más pobres no lo percibían así? Porque necesitaban esperanzas, y este desgobierno se las ha dado por montones. Eso sí: sólo esperanzas, ninguna vivienda digna, o trabajo digno. ¿Por qué no entregaron casas dignas? ¿Saben cuántas casas de 110 metros cuadrados pudieron construirse en 9 años de despilfarro? Muy conservadoramente, aproximadamente un millón ochocientas mil verdaderas soluciones habitacionales y se habría generado más de un millón de puestos permanentes de trabajo.

Pero tan responsable es el mono con la hojilla, como quien se la dio. Hay que pasar a las acciones. Hagamos resistencia y exacerbemos la salida de este desgobierno que, dicho sea, está a puntito de caerse solito porque los reales, para corromper y comprar voluntades, se acabaron; y recordemos que el hambre es el general al que nunca se le gana. Acabemos YA con este régimen comunista que sólo ha sido un bonche reservado para poquitos rojitos.

Romer A. Romero Martínez
El Universal
romerromero@intercable.net.ve
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