22 octubre 2007

Confiscación de voluntades

La expresión "pueblo heroico" se utilizó durante mucho tiempo como instrumento de manipulación para ganar voluntades políticas. La dirigencia ancestral se esmeró por competir públicamente para construir halagos orientados a seducir, sobre todo, a los más cautos. Sin duda el récord lo tiene Chávez. Herederos de Bolívar, revolucionarios insignes, heroicidad memorable, son algunos de los epítetos utilizados para ganar adhesiones. Pero el asunto trasciende en mucho la fraseología vacía. Ahora a todos los ministerios, que pasan de 25, se les ha antepuesto las palabras "poder popular para", como si cada persona pudiese decidir y actuar en el área respectiva.

¿Realmente beneficia a los más desfavorecidos este estigma populista? Todo lo contrario. El "poder popular" no existe ni ha sido tal. Ciertamente el Presidente ha acumulado poder, puro poder, pero lejos de lo popular. No ha construido más viviendas para los pobres, caminos de penetración en caseríos y zonas agrícolas, hospitales públicos para los que no pueden pagar, escuelas públicas suficientes. Tampoco ha atacado la ostensible corrupción gubernativa, la delincuencia que acosa a los más humildes en barrios y zonas más desfavorecidas, los accidentes de tránsito que afectan a usuarios del transporte colectivo con miles de muertes. La lista es mucho más larga.

¿Para qué sirve entonces "el poder popular"? Para cubrir una entelequia caprichosa del Presidente que habla mucho y hace poco. Pero nada sirve para palear la escasez de productos básicos no obstante Mercal. Tampoco para proveer de servicio médico sistémico a los necesitados no obstante Barrio Adentro; ni facilitar el ingreso al sistema educativo de los más pobres no obstante las Escuelas Bolivarianas y las llamadas Misiones. "El poder popular" es un verdadero fraude semántico disfrazado de patriotismo con cabida sólo por la bonanza petrolera. Ya veremos si el año entrante tendrá los efectos populistas "revolucionarios" cuando se entrevé una penuria presupuestaria.

Tristemente hay que llegar a la conclusión que el pueblo de Venezuela no es ningún actor heroico. ¡No! El halago indiscriminado le ha hecho perder la racionalidad y lo ha convertido en un simple huésped que espera restos de la rebatiña para subsistir. No ha aprendido a exigir sus derechos como tampoco cumplir con sus obligaciones. La dádiva ha perturbado el equilibrio republicano necesario al punto de acoger los zarpazos de las misiones como un componente de estado sistémico. En otras palabras, se sustituyen las instituciones por ejecutantes provisorios dependientes de la voluntad de una persona. Si la gente no siente que es indispensable hacer las correcciones y retomar el orden institucional, entonces debe seguir apoyando la estructura autocrática montada por Chávez y atenerse a la inevitable degradación de su subsistencia. En otras palabras: el venezolano ha autoconfiscado su propia voluntad. Basta revisar lo propuesto en la "nueva constitución" que pretenden aprobar a troche y moche para darse cuenta del talante represivo del régimen.

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