24 octubre 2007

¡Grita, vota, dile que no!

Con esa frase, mi colega concejal Soledad Morillo y yo titulamos una carta abierta a los ciudadanos.

Con inmensa angustia veo que somos una sociedad de durmientes, de ciudadanos que creen en la lucha pero que han decidido mandarla de vacaciones, como si estuviéramos en estado catatónico. Estamos al borde del precipicio, de perder la república, la libertad, el alma, el corazón. Estamos a punto de ver cómo se van por el inodoro el pasado de nuestros padres y nuestro futuro y el de nuestros hijos. Estamos al nada de ver consumado el acto más oscuro de la historia, y lo más grave es que ¡realmente estamos pensando en no participar y en no votar!

Le estamos cediendo nuestro derecho al Gobierno, argumentado que nos robarán, que no hay confianza, que si las maquinitas. ¡Qué diablos! En maquinitas nos convertirán si aprueban esta indigna reforma, de la que lo menos que se puede decir es que una propuesta indecorosa. Seremos un país de robots manejados por el más rancio y anciano comunismo. Y entonces, ¿vamos a arrugar?

Venezuela es ejemplo de luchas democráticas. Estamos a sólo 7 años de haber empezado el siglo XXI y no podemos permitirnos defraudar el inicio de esta nueva historia. Yo voto y grito, voto y protesto, voto y me lanzo a la calle.

Organicémonos para participar y pelear, no para pelearnos por el control del televisor o por quién dormirá más ese día, o a quién le quedó mejor la parrilla. Llegó el momento de ser irreverentes, de dar un golpe democrático con los votos. Estemos en las calles y démosle a Venezuela este diciembre el regalo de libertad que merece nuestra tierra. Venezolano, venezolana, ¡grita, vota, dile que no!

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