01 noviembre 2007

El día de la bestia

Un muchacho increpa a Pompeyo Márquez y lo insulta en su cara, prevalido de la fuerza bruta, tal como se lo han hecho todos los esbirros en sesenta años de política venezolana. Peroraba con una ponzoña sin convicción, fría como de reptil y repetía ecos, distorsiones de descabelladas calumnias. No lograba articular y sólo arrojaba frases y palabras aisladas, botellas o minas "rompepatas" de esas que usan los sublimes guerrilleros colombianos, que dejan inútiles a humildes campesinos en la lucha por una sociedad más justa, como cree una no tan piadosa senadora colombiana.

Otro le rompe la nariz a Yon Goicochea por la franela que cargaba. Hilachas de ideas pueriles, vacías, de mentiras y errores, típicas de quien se hace garrotero de una causa vil. Así hablaban los SS de Hitler, la Guardia Roja de Mao, las pandillas de Fidel Castro en La Habana de los cuarenta, antes de convertirse en redentor.

Decía Hanna Arendt que mientras "el pueblo" remitía a gente normal, que trabajaba para vivir y mantener la familia, el populacho estaba formado por los residuos de todas clases sociales que estaban dispuestos a la degradación. El lumpenproletariat de Marx. Fetidez del aliento contaminado por el lenguaje escatológico y lupanario. Así eran también los que concurrían gozosos a presenciar las decapitaciones a la luego Plaza de la Concordia en una París temblorosa de Robespierre.

La patología que vivimos convierte con premeditación a muchos jóvenes en gavilleros, guarecidos en montoneras, delincuentes políticos, síntomas de una septicemia social en funciones de gobierno, pues a otros los hace millonarios corruptos de un día para otro. Mientras unos asaltan a Márquez y Goicochea, otros asaltan el erario público y otra fracción, defendida con fervor por Carreño, asaltan y matan a los transeúntes para robarlos.

Si esos agresores alguna vez conquistan la condición de seres humanos, si se hominizaran y no terminan como eventuales torturadores (porque de llegar a profesores, no quisiera ser su alumno), ni se convierten una noche de luna en chacales, cargarán la vergüenza de las alimañas que se escaparon del cerco de sus dientes ante el país entero.

Pero el problema no es lo que salió de ahí, sino cómo entró. Es la consecuencia de la prédica de la gran depravación, la instigación al encono como único oficio, cuya incapacidad para hacer nada útil sólo se compara con la enormidad para destruir. Venezuela se dejó tomar por la manos más nocivas del siglo XX, que la contaminan y convierten a los jóvenes en oficiantes de ritos oscuros. Ha cariado los fundamentos de la vida civilizada. No se si esto es comunismo o fascismo, ni nada. Sólo que es la entronización de la barbarie. es una enfermedad



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