26 noviembre 2007

El "no ser"...

Cuando la manga se voltea, vemos las costuras, los hilos sueltos, las puntadas mal dadas, pero lo peor es cuando se piensa que se está estupendo con ese look de "ropa al revés". Cuando se sale a la calle con desparpajo, con la cara bien lavada, pretendiendo que lo obviamente anormal está perfecto, que es lo que debe ser y que el resto es el que está equivocado.

Últimamente la moda de manga volteada se aplica para muchas cosas en nuestra cotidianidad, en la que términos como la discriminación política ya están tan asumidos como tomarse el cafecito sin leche, en la panadería sin pan de la esquina.

Escuchar cómo el propio Chávez en su alocución del jueves en la noche en el Teatro Teresa Carreño daba la orden de reprimir y disolver cualquier manifestación que pretenda llegar a Miraflores y menos "del grupo de estudiantes que son los hijos de los ricos, los hijos de papá, los estudiantes burgueses y que son una minoría (¿) porque esas calles son del pueblo verdadero" , poco más o menos que zona liberada, como se diría en el argot revolucionario, es la expresión más clara de cómo la discriminación se asume ya sin el menor remilgo de pudor.

Pongámonos en el supuesto negado e insistimos, supuestísimo negado, que todos los estudiantes tuvieran títulos nobiliarios , fueran herederos de grandes emporios o sus padres representaran la más encumbrada élite, pero aún así quisieran manifestar su descontento de manera cívica, pacífica y democrática, en el mismo sitio donde días atrás los muchachos proclives al proceso dieron vítores a su Presidente. ¿Por qué no pueden hacerlo? ¿Por qué se les niega? ¿Por qué se les estigmatiza? Por la misma razón que hay ciudadanos de primera y de segunda. Por el mismo motivo de sentirse dueños de la verdad y el resto no existe. Si no eres como yo, no tienes "derecho a ser". Como el llamado "día de no cumpleaños" de Alicia en el País de las Maravillas, eres "el no ciudadano, el no venezolano". No mereces serlo. No eres de la raza elegida. De los puros. Verdadero fascismo pues.

Y lo peor es que todo ese horror discriminatorio ya casi ni nos asombra. Escuchar cómo eso lo dice el propio jefe del Estado y al día siguiente casi no hay reseña porque era lo esperado, es la costumbre del traje volteado.

Más allá de si fue conveniente o no anunciar una marcha a Miraflores o si retractarse de la idea fue lo correcto (creemos que sí), el dejar en evidencia una vez más, cómo la discriminación es una orden presidencial ya valió la pena. Más aún de cara al próximo dos de diciembre, cuando de aprobarse el proyecto constitucional quedará institucionalizado el apartheid. Cuando TODO, hasta nuestra más cercana cotidianidad adquirirá el apellido de "socialista" y quienes no comulguemos con eso, pasaremos al estatus de "no ser".

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