06 noviembre 2007

Hacia el abismo

En menos de un mes, usted, apreciado lector, su familia y todas las personas de su entorno, enfrentarán una realidad ineludible: decidirán entre el sistema de valores y condiciones que caracterizan a la imperfecta democracia latinoamericana y el siempre fracasado militarismo autoritario, ahora con el antifaz de socialismo extremo.

Si selecciona la primera, tiene dos alternativas: consignar su voto en las urnas o desconocer los resultados del acto electoral. Yo tengo claro lo que haré, quizás porque si me inclino por una democracia, consistente con mis ideas, cumpliré con mi obligación y derecho, que no es otro que votar. Usted, ¿qué hará? ¿Permanecerá en su hogar esperando el primer boletín? ¿Lo hará frente a su centro de votación? ¿Ante la probabilidad de que le escamoteen su voto optará por no participar mientras espera que otros hagan la tarea? ¿Tomará la calle enfrentando la violencia con más violencia? Es su responsabilidad, decida lo que le plazca, como se hace en las democracias. ¿Pero y si es la última vez?

Un amigo, con sorna, señalaba que a los venezolanos les estaban mezclando unos polvitos con el agua y su efecto, era la indiferencia. En la acera de enfrente las hordas portan carteles xenófobos y amenazan, como Hitler, a quienes no puedan probar su pureza de sangre amerindia, golpean narices de estudiantes, amedrentan a empleados públicos, manipulan sindicatos y promueven la ilegítima Constitución que cambia la esencia y el rumbo de nuestras vidas. Los obispos están alarmados, partidos y las familias, divididos. Es la boca del abismo.

El futuro a la vista: menos comida y más represión. Su vivienda o negocio en manos de la decisión de algún funcionario; más impuestos, inflación, pan y pastas adulteradas, fortunas amasadas en obras inconclusas y contratos asignados a dedo. Maletines viajeros, un solo un canal de TV y sólo un periódico para "todos". En manos de un hombre la plata del Banco Central, el nombramiento de mandatarios regionales o la decisión de suspender las garantías, sin debido proceso o la libertad de información. Si no te pesca el hampa, lo hará la seguridad nacional.

De aprobarse el adefesio constitucional, la Cantv en manos del Gobierno, así como el suministro de alimentos, energía, transporte y cuanta cosa el Ejecutivo considere como básica, usted y su familia serán esclavos de la burocracia reinante. El Presidente lo dijo, Fidel el primer comandante y él, de segundo. El susurro será la norma, el vecino un espía, el hijo reeducado despreciará las ideas de sus padres y la universidad sólo un foro para la apología del Che. Útil ir estudiando las fronteras con Colombia y Brasil, o como en Cuba, el azaroso mar Caribe, a menos que piensen y vistan de rojo.

El Presidente y su entorno llegaron demasiado lejos. Queman naves a pesar del rechazo popular a la reforma. No sorprendería que soltaran a los presos políticos o le duplicaran el aguinaldo a los empleados públicos; a lo mejor hasta deciden postergar y rediscutir el contenido de la reforma. Sagaz decisión sería para preservar el poder, porque en el siglo XXI hay demasiada gente que ha probado las mieles de la libertad para aceptar por mucho tiempo los hierros del autoritarismo.


Publicar un comentario