26 diciembre 2007

Caso del Maletín. Recopilación (48)

El precio del silencio

El más escandaloso intento de soborno, acompañado de extorsión que se conoce en la historia de Venezuela, asciende a la suma de dos mil quinientos millones de bolívares calculados al precio oficial del dólar o a doce mil millones si se calculan al precio que tienen las lechugas en el mercado libre.

Ha sido el fiscal de la causa que se le sigue a los cuatro venezolanos y un uruguayo en Miami, el señor Thomas Mulvihill, quien ha revelado esa inmoral, impúdica tentativa de ocultar un doble delito transnacional consistente en la violación de la ley venezolana de ilícitos cambiarios mediante la extracción clandestina de más de ochocientos mil dólares y la introducción de esa suma en Argentina, violando la legislación aduanal de ese país.Pero como siempre ocurre, no hay crimen perfecto. Los detalles que rodean ese escándalo internacional han ido emanando gradualmente y cada día trascienden nuevos pormenores.

Según el fiscal Mulvihill, el intento de soborno "no fue una iniciativa que tomaron sus amigos Carlos Kauffman y Franklin Durán por su cuenta o sin consultar a alguien. Fue producto de un 'acuerdo' entre los gobiernos más afectados por las sospechas del escándalo: el de Hugo Chávez y el de Néstor Kirchner" (La Nación, Buenos Aires, 18-12-07). Según el fiscal, esas personas actuaron como agentes del gobierno venezolano. "Hay numerosas grabaciones que dejan bien en claro que había un acuerdo entre los gobiernos de Argentina y de Venezuela para que la verdadera fuente de los fondos fuera suprimida". Para abortar el desastre internacional que originaría la revelación de la información sobre la proveniencia y el destino del dinero "es que los agentes de la DISIP se reunieron con Antonini" en Miami y le presentaron el plan y la documentación que serviría para el ocultamiento la operación de los 800.000 dólares. "El dinero no era de Antonini. Era de Venezuela" y en la estratagema participó "un director de la DISIP". (Todo lo que aparece entre comillas está tomado textualmente de la nota de La Nación antes mencionada).

Sin pretender salir a la defensa de Antonini, vale la pena recordar que en su primera declaración, a raíz de la incautación del dinero por las autoridades de la aduana de Buenos Aires, Antonini se limitó a decir: "Soy un soldado", con lo cual daba a entender que su papel era el de un simple correo. Es decir, el era un simple transportador, actividad que parece haberse convertido en un trabajo muy remunerador. Seguramente mis lectores vieron las películas El transportador y El transportador 2, en las cuales el personaje principal recibe el encargo de trasladar un cargamento valioso a cambio de una apreciable remuneración. Aquella declaración de Antonini explica suficientemente el hecho de que, al darse cuenta del embrollo internacional en el cual había quedado involucrado, decidiera cooperar con la policía norteamericana en un esfuerzo para proteger su prestigio personal.

De manera que cuando las autoridades de Venezuela y Argentina acusan a Antonini de formar parte de una conspiración contra sus gobiernos olvidan que esa cooperación comenzó solamente después de su regreso a Estados Unidos.

Como era de esperarse, los gobiernos de Venezuela y de Argentina pretenden negar lo que es evidente. Pretenden desmentir lo que ha resultado no solamente público y notorio sustanciado con pruebas consistentes en grabaciones de conversaciones telefónicas, videos de reuniones entre los inculpados y testimonios del propio Antonini. Los detalles del escándalo y las evidencias sobre el origen y el destino de los 800 mil dólares emanando poco a poco y parece que todavía hay mucho más.

Si, como asegura Chávez, Antonini no formaba parte de la delegación que lo acompañó a Argentina en aquella oportunidad, ¿cómo se explica que este último estuviera presente en la Casa Rosada precisamente en el momento en que tenía lugar el principal acto oficial de la visita presidencial a Buenos Aires? Me imagino que al palacio presidencial argentino no entra cualquiera "como Pedro por su casa". Chávez también debería explicar ¿por qué Antonini aparece fotografiado detrás suyo mientras trotaba en las playas de Copacabana en una de las oportunidades en que viajó a esa ciudad?

Una de las consecuencias más importantes de este escándalo consiste en que ha quedado internacionalmente demostrado el papel que viene jugando Chávez en los eventos electorales presidenciales de países de la región. Primero fue Bolivia, luego Nicaragua, después Ecuador y por último Argentina sin contar otros que a lo mejor no han trascendido.
El cinismo de este gobierno llega al punto de que el envío de los 800 mil dólares a Argentina ocurre precisamente cuando en Venezuela se desarrollaba la campaña electoral del el referendo sobre las propuestas de Chávez para modificar la Constitución Nacional. Como se recordará una de esas propuestas establecía lo siguiente (Artículo 67): "Se prohíbe el financiamiento a las asociaciones con fines políticos o de quienes participen en procesos electorales por iniciativa propia con fondos o recursos provenientes de gobiernos o entidades públicas o privadas del extranjero".

Pero ya sabemos que en este régimen la legalidad y la moral funcionan sólo en una dirección. Lo ilegal y lo inmoral es lo que los demás hacen. Nunca lo que hace el conductor de la "revolución bolivariana".

En cualquier país del mundo un escándalo como este, en el cual un gobierno aparece involucrado en una grotesca operación de soborno-extorsión, habría sido suficiente para ocasionar su caída. También en Venezuela si existiera el estado de derecho. Por mucho menos Carlos Andrés Pérez fue enjuiciado y llevado a la cárcel. Eso demuestra la diferencia entre cómo funcionaba la justicia en tiempos de "la cuarta" y cómo funciona en "la quinta" cuyo gobierno se proclama como el más democrático y el más respetuoso de los derechos humanos del mundo.

Adolfo Taylhardat
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