09 febrero 2008

Disney "Venezuela" World

Oyendo a Yo-yo listar la retahíla de presuntas bondades, éxitos y avances de su revolución "bonita". Logros, según pontificaba, alcanzados en lo social, económico, humanístico y en todos los demás órdenes y áreas afines. Beneficios, todos, atribuibles a su destreza, genio y magnanimidad. Conquistas acumuladas en escasos nueve acontecidos años de desvelos, fatigas y afanes. Años estos de avatares, incomprensiones e intenso trajín ejerciendo el trono imperial, hacen que resulte deleznable e inadmisible el llantén de una sociedad blandengue, contaminada, consumista, fantoche e ingrata, incapaz de comprender y someterse militantemente a las sentidas transformaciones progresistas -léase socialistas- que están en curso. Cambios que pretenden ofrecer la mayor suma de felicidad al soberano, así ese estado de suprema dicha implique callar, obedecer, tolerar, pasar frío, hambre y necesidades de todo calibre. Incluso consentir insultos y engaños, soportar desabastecimiento e inflación, ponerle el pecho -y la vida- la delincuencia e ignorar la corrupción.

Según la copiosa y prolija descripción hecha aquella noche por el tenaz fantaseador, esta Venezuela dejó muy atrás a la Venezuela saudita del pasado innombrable. Aquí si es verdad que se acabó el pan de piquito. Aunque por estos días rojo-rojitos (¿o negro-negritos?) no sea adecuado hacer comparaciones con ese producto, víctima, como otros, de la galopante inflación.

En fin, según el locuaz Yo-yo nada se le compara a este momento luminoso, opulento y venturoso que disfrutan las mayorías, como tampoco nada es semejante a esta gesta memorable ni a este cúmulo inigualable de logros revolucionarios. Ni el mismito Fidel, el inspirador, registró tanto éxito y bienestar para los suyos en sus lejanos años de lúcida productividad.

Satisfechas todas las necesidades y demandas internas y resueltas las nimiedades que antaño aquejaron al hoy dignificado soberano, El Cid Sabaneador se lanza raudo a resolver las miserias que aquejan al resto del orbe. Por eso, lanza en ristre y a lomos de su corcel albo cabeza echada p'alante, cabalga presto a socorrer, pacificar o redimir cuanto paraje, villorrio o comarca acoja su injerencia. Sobre todo, galopa para doblegar al Imperio metiche y decadente y borrar de la retina e ilusiones de la chiquillada del mundo la imagen pasada de moda de Mickey Mouse y ofrecerles para vacacionar o residenciarse el reino social de Disney "Venezuela" World, donde ya no existe pobreza, basura ni delincuencia. Donde no hay analfabetas, niños fuera del sistema escolar, ancianos necesitados ni enfermos sin atención médica gratuita. Donde todos son propietarios de su vivienda y todos reciben agua potable en sus casas dignas construidas y otorgadas generosamente por el líder de la revolución bonita.

¿Y este paraje de ensueño existe?



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