12 febrero 2008

El fin justifica los medios

El desplome en las encuestas que sufre el príncipe de esta revolución explica los conflictos que intenta crear para desviar la atención de la opinión pública. No es nada innovador. No hace más que seguir los consejos de Nicolás Maquiavelo expresados por allá en los albores del siglo XVI. Cree que a fin de recuperar su popularidad puede recurrir a cualquier medio.

Pero la realidad es que es difícil que los venezolanos acepten propuestas tan absurdas como las que pretende venderles. Intentos por reescribir la historia, no servirán para distraer a los ciudadanos del drama que tienen que vivir día a día.

Resulta casi ridículo, por ejemplo, que un Gobierno que no es capaz de resolver los crímenes que constantemente asolan a nuestra población (incluyendo el de Danilo Anderson), pretenda ahora crear una comisión que incluye al Vicepresidente, a diez ministros y al Fiscal General -todos notables historiadores-, para investigar un supuesto asesinato del Libertador que en opinión del príncipe ocurrió presuntamente en 1830. Más allá de la profanación que implica la pretensión de exhumar los restos de Bolívar (que ofende a quienes somos verdaderamente bolivarianos), la interrogante que todos nos formulamos es la siguiente: ¿Es que esos señores no tienen nada que hacer? ¿Es que la actividad de esos altos funcionarios no consiste en otra cosa que aplaudir servilmente las kilométricas y televisadas alocuciones de su jefe? ¿A qué hora trabajan?

Cada domingo se nos atosiga con un menjurje de contradicciones deshilvanadas. Al escucharlas, me vienen a la memoria algunas líneas de una carta de Maquiavelo a Francesco Guicciardini en 1521: "desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla".

Y ya que me estoy refiriendo a Maquiavelo, me gustaría mencionar también las opiniones por él expresadas en el capítulo XXII de su obra El Príncipe: "No es de poca importancia para los príncipes la buena elección de sus ministros, los cuales son buenos o malos según la prudencia usada en dicha elección".

Aquí cabe preguntarse, ¿fue buena la prudencia usada en la elección del actual gabinete? Lo que los venezolanos percibimos es un constante enroque de figuras cuyo denominador común es haber fracasado en las posiciones donde antes estaban o, en todo caso, carecer de los más elementales conocimientos para el desempeño del cargo que se les encomienda.

Y es que si nuestro príncipe cree que todo lo sabe, ¿para qué necesita de otra cosa que no sea la más sumisa lealtad a la hora de escoger a los hombres que le rodean?

Pero el príncipe se está topando con la dura realidad. La realidad es la inflación, que inevitablemente tenía que estallar como consecuencia de la ignorancia que ha caracterizado las políticas monetarias y fiscales que se han aplicado. Es la escasez, que es la consecuencia lógica de los controles de precios y de cambio, las amenazas, las invasiones de fincas, la falta de estímulos para invertir, el desprecio a la propiedad privada y la inseguridad jurídica. Es la destrucción de Pdvsa y la caída de su producción que tenía que resultar del despido de 20.000 trabajadores, la interrupción de las inversiones, el deterioro de las instalaciones, el desconocimiento de los contratos, la politización como visión empresarial, el cambio de la misión de la empresa que ahora es una quincalla que hace de todo pero que ha dejado de ser una compañía petrolera. La realidad es la inseguridad, la falta de vivienda y el colapso de la salud que agobian a todos los venezolanos.

Y para distraernos de esas realidades, el príncipe genera un conflicto tras otro. El último es el enfrentamiento con Colombia y la pretensión de imponernos sus evidentes simpatías por las FARC -con quienes según él limita Venezuela- contribuyendo así al creciente aislamiento internacional en el cual nos está sumiendo. Me pregunto, ¿en qué momento se pasará de la raya?

Como el pueblo ya se cansó de los frenéticos discursos del príncipe y de sus vanas promesas, éste recurre ahora a medios cada vez más conflictivos para acaparar su atención. Pero el pueblo no es tonto. Eso es lo que están mostrando las encuestas. El pueblo quiso creer pero ya no cree. A eso se refería Maquiavelo cuando afirmaba:

"La naturaleza de los pueblos es muy poco constante: resulta fácil convencerles de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos".

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