08 febrero 2008

Otra vez la caída

Otra vez toma espacio el tema. Una ex alumna nos escribe para preguntar por la caída y el cuándo. Resumimos la respuesta que le enviamos. En principio, y en un primer escenario, no es verdad que aquí está planteado ni programado un cambio de mando-poder en un plazo distinto al que establece la Constitución. Las principales fuerzas políticas han demostrado sobradamente su desapego a toda práctica golpista como la producida el 04F-92 por quienes hoy rigen este ex país.

Esas fuerzas no cuentan con una maquinaria con un mínimo de ascendencia en la población ni con conexiones militares. Por esto su posibilidad de promover y administrar una crisis de mediana o alta intensidad es muy bajo. Hay que registrar más bien que "las oposiciones" están inclinadas permanentemente a buscar arreglos y negociaciones, como el que suponemos suscribieron el 02D-07, al admitir el triunfo irreversible del No por el 1% cuando faltaban por escrutar 1.800.000 votos de un universo de 9.000.000.

Por esto se puede afirmar que en nuestro universo político no hay quien asuma la condición de golpista. El Gobierno sabe que en nuestro mundo político y civil hay un profundo respeto por la institucionalidad democrática, razón por la cual tiene garantizada su pervivencia dado que, además, a estas alturas, aquí no hay militares que corran la aventura del golpe sin respaldo civil.

Pero un segundo escenario lleva a la siguiente consideración. Si el régimen sabe que tiene garantizada su estabilidad ¿por qué luce tan descolgado, errático, sobresaltado e incoherente? ¿Por qué una actuación tan desbaratada como la exhibida por el jefe único en el mitin desde la 41ª Brigada en Carabobo en la celebración de los 16 años del trágico 04F-92?

El gran problema del régimen comienza inmediatamente después del 11A-02. Al aparecer su condición de masacrador tuvo un apreciable cambio en el nivel de popularidad y ascendencia. La forma criminal como se enfrenta la manifestación de mayor convocatoria de la llamada vida republicana, obligó a la gente a recordar que estaba en presencia de unos gobernantes que entran en la escena política venezolana apegados a una violencia previamente planificada hasta en el cuadro de muertes que produciría.

Ahora se tiene al frente la continuación de un 04F-92 que lleva a la bota militar a disparar en nombre de una "dignidad bolivariana" que se quiere convertir en el basamento de un "proceso revolucionario" llamado a cambiar en sus cimientos la historia de esta Venezuela tantas veces pisoteada por la "oligarquía y el imperio".

Para enfrentar el referendo revocatorio presidencial del 15Ag.-04 el régimen necesitó del operativo cubano de las misiones, de una gran inversión y de otras ayudas externas. El desgaste de las "fuerzas bolivarianas" no se detiene. Y el 04D-05 sufre una aplastante derrota con una abstención superior al 85% en las elecciones legislativas. Pero tanto este descalabro como el del 06D-06 en las elecciones presidenciales son tapados y desvirtuados por "unas oposiciones" que se convierten en el mejor aliado y sostén de la "revolución".

En cada caso queda claro que la pérdida de popularidad se junta a la ausencia de un partido político y obliga a buscar a punta de inversión un mayor apoyo en los militares. A esto hay que agregar una permanente pugna a lo interno de un régimen que ha hecho de la división y el enfrentamiento uno de sus rasgos fundamentales.

Ante estas amenazas el jefe único quiso blindarse con la reforma constitucional que ponía en sus manos todos los poderes de manera legal y en forma indefinida. Esto no se concreta debido a "la traición interna". Sin embargo, una vez más aparecen "las oposiciones", ahora como firmantes del pacto del 1% irreversible.

Este es el primer paso que da el jefe único en función de su recuperación. Del pacto aludido pudo salir la amnistía con nombres y apellidos y no se sabe aún cuántas otras cosas. Y al lado de esta acción se abren operaciones destinadas a afinar otros apoyos. En este punto se inscribe su política de enfrentamiento a Uribe, a quien llama el peón del imperio, que tiene la misión de actuar a favor de la intervención norteamericana -vía Plan Colombia-Patriota- que acabaría con la revolución bolivariana.

Y ante este peligro el JU se siente obligado a profundizar sus relaciones con las FARC, fuerza que ve como un Estado dentro del Estado colombiano y que constituyen el verdadero límite sur de la república bolivariana. Este, en definitiva, es un escenario de altos conflictos y cuyo desenlace no ocurrirá en el corto plazo.

Pero todo lo anterior conduce a un tercer y muy peligroso escenario: el levantamiento social. A las conocidas miserias que caracterizan nuestra realidad se suma ahora el "desabastecimiento revolucionario" producto de la ineficiencia productiva de un régimen que se ha ocupado más bien de destruir el comprometido aparato que existía a la vez que atacar a "la oligarquía" que se ha ocupado de esta actividad. La desesperación tiene ahora además del ingrediente del hambre el desabastecimiento. Y junto a ello la especulación y la inflación.

Pero este escenario está atemperado, y no sabemos hasta cuándo, por unas "oposiciones" muy preocupadas por ganar la gran mayoría de gobernaciones y alcaldías para promover de inmediato el referendo que pondría al JU fuera de Miraflores. Se olvida que este régimen, además de contar con el apoyo FARC, tiene armada una conexión internacional en cuyo establecimiento ha jugado papel preponderante la política de la regalía petrolera. Esto lleva a pensar que un estallido social podría ser el inicio de una lucha mayor, con rasgos de guerra civil y confrontación internacional.

La llamada caída, en consecuencia y al parecer, pasa por muchas y terribles situaciones. Una realidad que hasta el presente no ha sido captada por quienes se empeñan en mantener con vida la política de la vieja negociación que nada tiene que envidiar al puntofijismo. Sólo y en la medida en que logren superarse los bloques de esta fatídica escuela, se podrá comenzar a construir un camino diferente, la vía de la verdadera y auténtica caída.



Agustin Blanco Muñoz
El Universal
abm333@gmail.com
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