05 marzo 2008

Al rojo vivo

Chávez dijo que colocó las relaciones diplomáticas con Colombia en el congelador. Más bien las metió en un alto horno y en este momento han alcanzado temperaturas de rojo vivo.

También, refiriéndose al "¡Por qué no te callas!", que le profirió el rey Juan Carlos, dijo que al monarca español se le habían ido los tapones. Pero los acontecimientos que ha protagonizado en los últimos días revelan que a quien se le fueron de verdad los tapones es a él.

En dos artículos anteriores me referí al tema de la "mediación humanitaria" emprendida por Chávez. El primero lo titulé "CHÁVEZ EN SU BERENJENAL" (EU, Opinión, 12-09-07) El segundo llevó por título "MEDIACIÓN MEDIÁTICA" (EU Opinión, 19-09-07). En ambos reconocí la importancia de esa gestión benefactora pero también expresé serias dudas acerca del resultado que podría alcanzar. Cuando pronostiqué el fracaso de la mediación de Chávez nunca me imaginé que el desenlace sería el que hemos visto.
El pasado viernes el presidente Uribe anunció su decisión de poner fin a la mediación de Chávez. Los motivos de esa determinación fueron consignadas en un comunicado oficial emitido el sábado 24. Ese documento es sumamente revelador. Es todo un compendio de los desatinos de Chávez que condujeron a despojarlo de su función como mediador.

El comunicado comienza señalando que desde el inicio el presidente Uribe sabía el riesgo que corría autorizando a Chávez a llevar a cabo esa tarea, pero que "prefirió esa opción a negar su intervención so pretexto de la preocupación política". Es más, en su alocución del domingo por la noche el presidente Uribe reveló públicamente lo que se sospechaba: fue el mismo Chávez quien le pidió que le permitiera emprender la gestión mediadora.
El comunicado explica que durante el encuentro sostenido en Santiago de Chile el presidente Uribe, ante testigos, le dejó muy claro a Chávez que no le permitiría que se reuniera con Marulanda porque sería necesario establecer una zona de despeje que su gobierno no está dispuesto a autorizar. Aún así, Uribe le dijo a Chávez que estaba dispuesto a permitirle que se reuniera con Marulanda en Colombia, si "previamente las FARC liberan unos secuestrados, con el compromiso de liberarlos a todos". "Esta propuesta -dice el comunicado- se entregó como 'herramienta de negociación' para que Chávez pudiera avanzar en la negociación, en el entendido de que debía "ser manejada con reserva".

Sin embargo, en su afán de figuración y protagonismo, Chávez hizo público en París el contenido de esa conversación. "De allí que el gobierno de Colombia se sorprendiera", dice el comunicado en lenguaje netamente diplomático, que, traducido al lenguaje común significa que el comportamiento de Chávez causó justificada irritación.

Pero las imprudencias de Chávez no se quedaron allí. El comunicado colombiano dice que durante el encuentro en Santiago de Chile el presidente Uribe le explicó a Chávez que "toda gestión de paz se consulta con la Fuerza Pública, a fin de no interferir en la política de seguridad democrática". "El presidente Uribe -dice el Comunicado- explicó al presidente Chávez que siempre mantiene el buen cuidado para que tales decisiones no afecten la motivación de la Fuerza Pública".

Sin embargo, Chávez respondió que hablaría con los generales colombianos. El presidente Uribe le dijo a Chávez que eso no lo podía aceptar y le explicó las razones, con lo cual pensó que el tema había quedado "definido y cerrado". A pesar de ello, Chávez sostuvo desde Francia una conversación telefónica con el general colombiano Mario Montoya, comandante del Ejército Nacional y, por su parte, la senadora Piedad Córdoba llamó varias veces al general Freddy Padilla de León, comandante General de las Fuerzas Militares colombianas, habló con un vocero de la iglesia Católica para proponer en nombre de Chávez "que el Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana fuera a Caracas a hablar con él" y llamó a periodistas y a varias personalidades del país, todo esto sin conocimiento del Gobierno colombiano. El presidente Uribe conoció de esas llamadas telefónicas por información que le suministraron los generales Padilla de León y Montoya,

El comunicado concluye señalando:
"El Gobierno de Colombia, al conocer los hechos, apreció que no fue casual la llamada de la senadora Piedad Córdoba que desembocó en la conversación telefónica del presidente Chávez con el general Montoya, que se apartaba de lo hablado en Santiago de Chile y desconocía el conducto institucional colombiano. El Gobierno de Colombia no puede permitir que terceros involucren a militares colombianos en el tema, porque atenta contra nuestras tradiciones democráticas de unidad en las Fuerzas Armadas".

Estos hechos fueron "las gotas que desbordaron el vaso" de la paciencia del gobierno colombiano. Desde el inicio de la gestión mediadora se acumularon hechos y situaciones que hacían presagiar el fracaso de la gestión mediadora.

El primero de ellos es el hecho mismo de haber asumido Chávez directamente esa delicada tarea. Un jefe de Estado no puede arrogarse personalmente una gestión diplomática de esa naturaleza. Para eso existen una Cancillería, un canciller y unos embajadores. Pero ya sabemos que en este gobierno de la llamada quinta república, a diferencia de lo que ocurría durante la democracia, la Cancillería no juega ningún papel, el canciller no cuenta para nada y mucho menos los embajadores.

Otro factor es el desprecio olímpico de Chávez a las reglas fundamentales que deben regir toda gestión diplomática como son la discreción, la prudencia, el tacto, la paciencia y por encima de todo el don de gentes. Conociendo al personaje, su incontinencia verbal y su afán de figuración no era difícil prever que esas características inevitablemente coartarían el resultado perseguido con la mediación.

Otro factor, y esto lo señaló el presidente Uribe en su alocución del domingo por la noche, consistió en que a Chávez no le interesaba tanto la liberación de los rehenes como los objetivos políticos que perseguía. En lo interno buscaba acrecentar su popularidad para asegurarse el triunfo en el referendo de diciembre próximo. En lo externo, presentándose como el protagonista de una iniciativa humanitaria, perseguía distraer a la opinión pública internacional de los alcances de su propuesta de modificación de la Constitución Nacional con la cual pretende convertirse en presidente vitalicio e implantar en Venezuela un régimen neocomunista.

Además, y esto podría ser lo más grave y delicado, pareciera que participando en la mediación la senadora Piedad Córdoba buscaba catapultarse como futura candidata a la presidencia de Colombia. Retratándose con Chávez en esa gestión Piedad Córdoba recibió una amplia exposición en el escenario nacional colombiano y en el escenario internacional, lo que se tradujo en un rempujón colosal en sus aspiraciones presidenciales que seguramente recibirían oportunamente un generoso apoyo financiero proveniente del dinero de los venezolanos. Esta estrategia le permitiría a Chávez colocar en la presidencia de Colombia a una figura afín a su proyecto político y asegurar la incorporación de Colombia a la "Federación Andina" que se propone establecer. A esto se refirió también el presidente Uribe en su alocución del domingo en la noche cuando denunció las ambiciones expansionistas de Chávez, señaló que lo que le interesa a Chávez es contribuir a la instauración de un gobierno con influencia del terrorismo en Colombia y reveló la conversación de Piedad Córdoba con los guerrilleros presos en Estados Unidos durante la cual les habló de la instauración de un gobierno de transición en Colombia. "Eso nos da el derecho a los colombianos a interpretar que la mediación a la cual lo invitó a usted la senadora Córdoba, de acuerdo con las actitudes de ella, estaba más interesada en posibilitar un gobierno con influencia del terrorismo en Colombia, que en ayudarnos a superar la tragedia de los secuestrados y a conseguir la paz", afirmó el presidente Uribe en su alocución del domingo en la noche.

¿Qué necesidad tenía Chávez de agregar este humillante regaño al que ya había recibido del rey Juan Carlos, en Santiago de Chile, como consecuencia de su comportamiento extravagante?

Este es el precio que pagamos los venezolanos por tener como jefe de Estado a un personaje que irrespeta y desprecia las formalidades que un gobernante está obligado a observar en su actuación internacional. Lo ocurrido con la gestión de mediación humanitaria evidencia una vez más que Chávez no ha internalizado el hecho de que es el Presidente de un país, que está obligado a comportarse como tal honrando los compromisos, respetando a sus colegas y sometiéndose a las normas que impone la práctica diplomática tanto en su trato hacia sus pares como en la conducción de las relaciones internacionales.

Nadie puede regocijarse del fracaso de la gestión de mediación humanitaria emprendida por Chávez, pero sin lugar a dudas ese descalabro resulta de la improvisación, de la vocinglería, de la indiscreción, de la precipitación, de la imprudencia, que le caracterizan.
Como dice el refrán "no hay mal que por bien no venga". Todo este embrollo ha servido para desvelar, como lo denomina el presidente Uribe, el proyecto expansionista de Chávez que no es otro que extender al resto del continente su proyecto político neo-comunista. Y esto no es invento de Uribe. Lo hemos venido denunciando desde hace tiempo y además, ahora ha quedado expuesto en blanco y negro en el artículo 153 de la propuesta de modificación de la Constitución sobre el cual los venezolanos debemos pronunciarnos el próximo domingo. Ese artículo reza textualmente: "La República promoverá la integración, la Confederación y la unión de América Latina y el Caribe a objeto de configurar un gran bloque regional de poder político, económico y social".

Para ello Chávez cuenta con lo que Uribe denomina "el poderío del presupuesto" que no es otra cosa que disponer de los recursos del Estado y de todos los venezolanos para llevar a cabo su política petro-imperialista.


Adolfo Taylhardat

El Universal
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