21 marzo 2008

“De puente en puente y de bonche en bonche hasta que nos lleve el demonio”

No despertábamos los venezolanos de las fiestas navideñas y ya nos encontrábamos en carnaval. Ni tiempo tuvimos para sacudirnos el ratón decembrino. No hemos terminado de despertar del bonche de carnaval y ya estamos en el de la semana mayor.

A correr, que antes que despertemos estaremos pasando el ratón del 19 de abril. Y así, de puente en puente y de bonche en bonche hasta que nos lleve el demonio.

Da vergüenza aceptar que en Venezuela más de la mitad del año nos las pasamos con las que te conté al hombro. Con dictadura o revolución. Con Pacto de Punto Fijo o con revolución bolivariana. Con Pérez Jiménez o Hugo Chávez. Para el caso, la política da lo mismo: cuando de echárselas al hombro se trata, somos los campeones. Aseguro que de ir al concurso del Guiness de la flojera mundial y la irresponsabilidad colectiva, sacamos el premio gordo. Nadie en el mundo flojea como un venezolano. No importa si adeco o copeyano, si emeverrista o justiciero.

Agarre la guía de teléfonos y trate de localizar a sus amigos. El que no está en Margarita está en Aruba. El que no está en Aruba está en Curazao. El que no está en el Caribe está en Miami. Y el que no está en Miami está en Nueva York. Los más sifrinos están en la Patagonia o en Tailandia. Los conservadores en Paris o en Miami. En Caracas, sólo los pendejos. Y una clase de caraqueños en extinción que disfrutan de su ciudad sin colas ni humaredas, sin molestias ni pico y placa. Una élite que podría hablar en sánscrito. No la entiende nadie.

Es la verdad de un país que se harta del petróleo, los dólares preferenciales, la mal crianza de clase media, el escocés de 18 años, la botellita de Pérrier y la cola de CADIVI. En ningún país del mundo con dólar preferencial y economía de guerra el Estado financia a sus viajantes de clase media y tolera que más se gaste en divisas para echárselas al hombro en el Quartier Latin, la Quinta Avenida o la 9 de Julio, que en alimentos, herramientas o medicinas.

No pudo la Cuarta, que se rindió a los abusos de la clase media – la misma que tumbó a Pérez porque le quitó el dólar preferencial - ni puede la Quinta, que ha llevado el consentimiento del nuevo riquismo mayamero hasta extremos caricaturescos. ¿Podrá la sexta?

Una cosa está clara: el próximo gobierno, si se toma en serio, tendrá que cambiar las reglas. Frenar el consumismo delirante financiado por la pobreza general y ponerle coto a esta viajadera inmoral y vergonzosa. Que me tachen de moralista, pero así, ni que nos ayude Mandrake. En la Venezuela del futuro o trabajamos o seguimos echándonoslas al hombro. Si no se trabaja, no hay riqueza. A menos que queramos seguir siendo este miserable, este paupérrimo, este pobre y patético país rico.

Como dice mi amigo Leopoldo Castillo, que estará de vacaciones: se cansa uno.



Pedro Lastra
Noticias 24
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