14 abril 2008

El guardián de los secretos…

Ya ni siquiera es lástima, tristeza, desasosiego o incertidumbre. Lo que este momento envuelve a una gran parte de los venezolanos es un gran asco, una gran náusea, un malestar colectivo por todo lo que está sucediendo.

No estamos hablando de casos de corrupción como en el pasado. Alguien que se "embolsilló" unos reales, que los mandó a unas cuentas cifradas en algún banco suizo, que se fue del país y si te he visto, no me acuerdo. O de las redes tradicionales de "pillos" que rodean al poder y se lucran de él. No, esto que estamos viendo va mucho más allá. Esto que se nos presenta como nuestro día a día, tiene mucho de redes gangsteriles, de mafia, de crimen organizado. Pero lo peor es que no estamos hablando de casos aislados, de un puñadito de gente que pudiera quedar al margen y que "con una palabra suya" (del líder máximo) bastaría para sanarse. La percepción es que son varios los grupos que se reparten el botín, que pelean entre sí y que, lo peor de todo, parecieran contar con el apoyo más alto para hacer sus fechorías.

Así las cosas, suman ahora a la lista, maletas con dólares, notas estructuradas, "familias reales", contrataciones millonarias y el súmmum de todos los casos nauseabundos en el que parece mezclarse todo lo turbio: el "affaire" Anderson. Si en su momento los hechos ya pintaban oscuros e inexplicables, si tantas cosas no cuadraban luego del asesinato del fiscal estrella, si se acusó a personas inocentes, si no se permitió una investigación imparcial, si todo quedó en una suerte de punto suspensivo, de expediente en deuda, ahora lo que queda en evidencia es que todo ha sido parte de una patraña orquestada por grupos "seudo gangsteriles" que parecieran estar enquistados en las cúpulas más altas del poder.

La frase típica de los malandros de: "si no me das canto" o la otra de "yo no me hundo solo", es lo que está inspirando este torneo de acusaciones de ex fiscales, ex jueces, ex testigos estrellas y quien fungiera como figura emblemática del Poder Moral y al que conducen todos los caminos de lo hasta ahora inexplicable. El hombre que pareciera saber demasiado. El gendarme de muchos secretos. A quien hay que proteger, a como dé lugar y contra toda lógica.

Si no es así, ¿cómo se justifica que ante tanta evidencia de "caso montado" y ante tantas verdades que comienzan a esbozarse porque se prendió el ventilador, sea el propio líder de la revolución quien en cadena nacional y con el "mensaje a García" a todos los sumisos poderes allí presentes, libere de toda culpa al ex Fiscal General y asuma el manido guión de eso lo hace la oposición porque nos quiere perjudicar?

De todo lo nauseabundo que estamos viviendo, el espaldarazo presidencial resulta ya no solo lo más sospechoso, sino lo más sórdido.

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