08 junio 2008

Los medios contrainteligentes

Es natural que los medios de comunicación se opongan a la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia. Es una actitud coherente, como lo son muy pocas en su caso.

Hay dos bloques de razones para que se opongan. El primero tiene que ver con el derecho al trabajo y la libertad de empresa. Me explico: si se generaliza el arte del soplo, ciertos prominentes miembros de la Alianza de Articulistas Antichavistas (la venerable Triple A), que se han especializado en el alto chisme y el bajo sapeo, podrían quedarse cesantes.

Algunos tripleases han llegado a tal nivel de industrialización de la insidia que hasta en los nombres de sus columnas -sin ningún rubor- alardean del contenido chismográfico. Su gracia consiste precisamente en que, como bien dice mi amigo Rafael Jiménez, su periodismo es de servilleta. ¿Qué harán esos traficantes de comidillas si el país entero, acicateado por la Ley de Inteligencia, se dedica a la intriga y el comadreo?

En el escenario de la nueva ley, algunos periódicos completos, programas radiales y páginas web perderían toda utilidad. No podrán contarle al público -como si fuera una noticia confirmada- lo que le dijo la prima de un general a la amante de un vicealmirante, mientras degustaban una merengada adelgazante en una convención de Herbalife: que la semana que viene se alza un batallón en Táchira, "te lo juro por mi madre". Hasta ahora, difundir ese tipo de murmuraciones ha sido uno de sus hobbies predilectos, pero, a partir de la vigencia de ley tendrán que morderse la lengua, porque ese tipo de conductas habrán pasado a ser exclusivas de los confidentes del "rrrrégimen".

El segundo bloque de razones es más filosófico. Tal parece que los medios no sólo se oponen a la Ley de Inteligencia. Una revisión general permite sospechar que han ido más allá y le han declarado la guerra a la inteligencia misma. O, al menos, a la de sus usuarias y usuarios.

Por ejemplo, un editorialista opina que las elecciones del PSUV fueron una farsa. Postula unos argumentos para demostrar su tesis. Ok, puede que tenga razón. Pero, luego, afirma muy convencido que el método de selección de candidatos de la oposición, basado en unas encuestas, es el súmmum de la democracia interna. No creo que se trate de una trasgresión a la ley, pero sospecho que es eso que llaman por ahí un insulto a la inteligencia.

Otro dueño de medio ha dicho que la ley nos equipara con las naciones totalitarias como Cuba y Corea del Norte. Cuando alguien acota que también tiene un aire a la Ley Patriota de ese superdemocrático país llamado Estados Unidos, el preocupado empresario pone cara de idiota. O, para ajustarnos a la nueva nomenclatura, se hace el contrainteligente.

Clodovaldo Hernández
El Universal
clodoher@yahoo.com
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