28 junio 2008

Regular… controlar... someter

Son, los verbos que titulan este relato, parte del arsenal conductual predilecto de un (muy) gastado régimen autocrático-militarista, inepto-corrupto, farsante-forajido, cada vez más centralista, más restrictivo, más intervencionista y cada día más ofuscado en doblegar la voluntad, mermar las actividades y cercenar los derechos y libertades de un pueblo digno-heroico que se resiste al yugo y no se deja pisotear por la bota tiránica.

La ética y gallardía enarboladas en estos tiempos bizarros por un sector de la sociedad democrática contrasta con el entreguismo oportunista de otro segmento de la colectividad nacional que no desperdicia oportunidades para beneficiarse de prebendas y privilegios gobierneros y difiere, asimismo, del vasallaje, pérdida de valores y autoestima y ausencia del más elemental decoro de la neo oligarquía revanchista hoy arrellanada en el poder.

Lo mismo diríase de la conducta cohonestadora de una elite militar adoctrinada, silente, autómata, cómplice del descalabro, de ilegalidades y abuso de poder durante operativos llevados a cabo por efectivos que comandan; apartada de la institucionalidad; impávida ante la compra (¿necesaria?) de armamento obsoleto, ante la formación de milicias, ante la amenaza diaria de entrar en guerra asimétrica con enemigos urdidos por la paranoia y ante la presencia y actividades en el país de grupos considerados terroristas por el mundo civilizado. La parodia del pasado martes en el campo de Carabobo fue impropia de la conmemoración de una fecha patria.

Todo esto viene a cuento para "destacar" otra de las elucubraciones-proyectos revolucionarios: la implantación (forzosa) del "consumo socialmente necesario". ¡Na'guará!

Algunos pensarán que es una nueva pavada del régimen. Otros supondrán que se trata de la última Misión redentora. Quizás alguien estime que será una tarea populista más encomendada a Pdvsa. Y no faltará quien pregunte ¿con qué se come esa vainita?

Ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Sin duda así lo definiría el filósofo de Rubio. Pero no. Para su émulo, el venerable de Sabaneta, se trata de su demorado deseo de gobernar la vida y hábitos de quienes considera súbditos: Tres camisas, dos pantalones y un par de zapatos por año. Un kilo de carne, otro de pollo y sendos paqueticos de harina de maíz, arroz y caraotas por mes. ¿Televisores? Máximo 14 pulgadas. ¡Carro? Bicicletas chinas y de chiripa. Es la prometida revolución, degradante, hambreadora, como el (malhadado) ejemplo cubano.

Esta es otra bravata con fines de confrontación (polarización) en época preelectoral. Pero no sólo indispone a quienes adversan al régimen sino a los que aúpan el "proceso" y se benefician de dádivas y subsidios que reparte con medida intención. Esta imposición no se la calará nadie. ¡Patria sí, dictadura no!



Publicar un comentario