07 junio 2008

Socialismo del siglo XXI

Muy temprano el presidente Chávez advirtió, que no deberíamos juzgarlo por lo que dijera sino por lo que hiciera. Esa frase ha sido la más sincera que haya dicho, salvo que le faltó aclarar, quizás deliberadamente, que lo que dijera podría valer para afianzar sus acciones.

Éste fue el caso del célebre "por ahora", una manera de asegurar ante todos y ante sí mismo que la lucha continuaría, ¿cómo?, eso lo sabría él, así como su oportunidad, que él sabría esperar, medir y aprovechar.

Su principal habilidad política ha sido, hábilmente, poner una "situación política" a su favor, aún después de una derrota y además, con ese estado de alerta permanente o viveza que posee instintivamente, es capaz de detectar el momento que ese favor empieza a desvanecerse para cambiar de rumbo e intentar uno nuevo.

Tiene, además una obsesión que es su otro yo: La de ser la reencarnación de Bolívar, no se trata de liberar Latinoamérica del Imperio, que es lo que proclama, es algo en cierto modo semejante, hacer un solo bloque que estaría bajo su mando y autoridad. Revivir la idea continentalista del Libertador, no tanto para "liberar" a cada uno sino construir un bloque representado en y por él. Vive en función de esa obsesión, que la ha hecho su razón de vida, todo lo demás es secundario: sensaciones, creencias, verdad, afectos, amistad, todo. Por eso para él no hay colaboradores para siempre, sólo obtiene de ellos todo lo que puede y los desecha o, como dicen que lo expresa: "los tira del vagón". Se justifica así cualquier medio para lograrlo y como dispone de dólares en abundancia, aplica el principio que cada quien tiene su precio, que siempre es posible comprar voluntades, que no es lo mismo que lealtades. Lo ha conseguido con algunos, pero se equivoca si cree que esos pactos duran por siempre, Lula, Cristina y las FARC son el mejor ejemplo. En el caso de Lula, ladino como ninguno, el creyó que lo manejaría, pero Lula o Brasil, pensaban lo contrario. Cristina, de la misma calaña, empieza a flaquear y algún día se sabrá la verdad completa sobre las FARC.

Quizás todo eso sea la razón de que esté siempre al ataque y la oposición partidista, incapaz, cae en el triste papel de defenderse, tratando de adivinar el próximo golpe y responde directa y tímidamente, en vez de aprovechar sus puntos débiles, que los tiene y que cada día son más.

El caso del tal socialismo del siglo XXI, es ejemplar. El Presidente ha puesto a todos a devanarse los sesos, para saber qué cosa es, de qué se trata. En realidad no existe tal cosa y, probablemente, eso lo sabe él mejor que nadie. Todos caímos en la trampa. Todo se hace y se bautiza socialista. Ese tal socialismo es una entelequia. Si quisiéramos ponerle un nombre, el más aproximado sería estalinismo, absolutismo, totalitarismo. Ser dueño y mandamás absoluto, único. Es lo que habrá pensado hacer con Latinoamérica, con las FARC, con las Fuerzas Armadas, con las finanzas, con la producción, con todo, pero había que ponerle un nombre: alguien dijo Socialismo. Está aplicando la nacionalización de todo, a rajatabla. Eso no es suficiente para ser socialismo. Es dueño de todos los organismos que conforman el Estado. Eso es totalitarismo, absolutismo.

Entretanto todos los años hay alguna elección. Eso permite tener la "democracia" como máscara y a la oposición política distraída, siguiendo el camino marcado, confiando en la Providencia y conforme con ir a votar. Es parecido a lo que hace con la pobreza, dar limosnas y ofrecer esperanzas para algo que no llega nunca y entretanto cobra el voto. Muy diferente a la actitud de los Medios honestos con su función y más, que los hay todavía y que nos han permitido vivir todavía esta semi o seudodemocracia

La sociedad tiene que despertar, sin contar con la oposición política o partidista actual, que está en lo suyo, que no es lo mismo que quiere esa sociedad. Démonos cuenta de una vez qué es el Socialismo del Siglo XXI.

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