11 noviembre 2008

Pobre, solitario y sin poder

Gústele o no le guste Chávez se va encontrar la mañana del 24 de noviembre con una nueva realidad política, expresada en tres distintas tendencias con presencia en gobernaciones, alcaldías y consejos legislativos. Sin entrar al análisis, caso por caso, de los resultados electorales, parece suficientemente claro que el chavismo deberá compartir el poder regional con mandatarios procedentes de las filas de la oposición y de diferentes expresiones procedentes del chavismo disidente, configurándose así una cuadro plural y representativo de una buena parte del país, ignorado, hasta ahora, de la toma de decisiones y desarrollos de las políticas públicas.

En condiciones normales tal modificación del mapa político-electoral no debería constituirse en una catástrofe para el gobierno central. Pero como no es ese el caso y estamos ante un Ejecutivo rapaz, cuya inclinación natural es a la concentración total de los poderes, una vez más el país debería asistir al otro dilema hamletiano que, en realidad, no será tal.

En otras palabras, el rechazo al proyecto político del Presidente manifestado el 2D, se ratificará y consolidará el 23N a través de una votación afirmativa por el reimpulso del proceso de descentralización administrativa, por la diversidad política e ideológica y, también, por la solución a los más graves problemas cotidianos que este gobierno, con sus gobiernitos locales, nunca pudo resolver.

Todo esto implica la cancelación definitiva de la concepción hegemónica del poder que Chávez ha pretendido imponer a lo largo de la última década, hasta llegar al fracaso definitivo por una causa fundamental: la pérdida sustancial del apoyo popular.

Cualquiera podría pensar que Chávez es un cabeza dura que, por la rigidez de su obsesión, no dará su brazo a torcer. Pues bien, incluso lo indeseable (la imposición por la fuerza) resulta ya imposible, porque más allá de la existencia de una mayoría militar opuesta a la violación constitucional, está el convencimiento de que apoyar tal locura terminaría en el peor de los escenarios. Y eso resulta tan evidente que cuando Chávez dice que sacará los tanques en Carabobo si triunfa Salas Feo, todos sabemos, incluyendo él, que Salas Feo ganará y los tanques se quedarán en los cuarteles.

Chávez dejó de ser "un pobre poderoso solitario", para convertirse en un pobre solitario sin poder que, aunque no quiera, se verá obligado a convivir, y eso implica acordar y coordinar, con los nuevos mandatarios regionales, no sólo la profundización del poder regional y del proceso de descentralización, sino las formas de enfrentar la crisis económica que luego de diez años y de 700 mil millones de dólares dilapidados, nos sorprende con una mano por delante y otra por detrás. ¿Chávez democrático y concertador? Sí y no porque lo sea, sino porque no le queda otra.

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