17 enero 2009

Improcedente e inaceptable

La reelección de los gobernantes en todos los países democráticos regidos por sistemas presidencialistas, aun teniendo renovación prevista, está constitucionalmente limitada. Y sólo los mandatarios con ínfulas de reyezuelos o erigidos en dictadores osan cambiar las normas para perpetuarse en el poder (Alberto Fujimori, Perú).

En los países presidencialistas con reelección (Estados Unidos y Brasil, por ejemplo), sólo se permite una renovación, de cuatro años para un total de ocho. Distinto ocurre en Europa en naciones con gobiernos de índole parlamentaria. Son administraciones completamente diferentes. Las atribuciones no son ilimitadas. Y las instituciones del Estado controlan la gestión. Si bien los primeros ministros o jefes de Gobierno, según sea el caso, son susceptibles de ser reelectos, también sus períodos pueden ser acortados o revocados en casos de crisis. Bien mediante convocatoria anticipada a elecciones o por un acuerdo en Cámara.

No es así en Venezuela donde, históricamente, los presidentes han actuado más como autócratas que servidores públicos. Por ello la experiencia europea no puede ser argumentada (ni aplicada) por la corte de aduladores de Su Serenísima Majestad para justificar la reelección de quien sólo ambiciona el poder por el poder. En su caso es una obsesión patológica que coloca por encima de la Carta Magna, de la conveniencia política, económica y social del país e, incluso, desafía la voluntad mayoritaria de un pueblo que ya rechazó el continuismo, tanto en el referendo del 2D de 2007 como en los más recientes sondeos de opinión realizados al respecto.

En realidades políticas sin independencia de poderes no procede la reelección continua presidencial porque es tal la acumulación y abuso de poder del mandante, la extralimitación, el control-sumisión de las instituciones del Estado, el sectarismo y la impunidad que todo comicio con fines continuistas se prestará a fraudes: (Fidel Castro, Robert Mugabe, Aleksandr Lukashenko).

Por si fuesen pocas las anteriores razones para rechazar la reelección eterna está también la no fiabilidad, equidad y transparencia del CNE. Su obstruccionismo y quebrantamiento sistemático de normas (no abrir el Registro Electoral por "razones técnicas"). Su transigencia ante la extralimitación de funciones del Plan República y los actos vandálicos de simpatizantes rojo-rojitos. Tampoco se puede pasar por alto la utilización ventajista, ilimitada y perversa que desde el poder se hace de los medios de comunicación oficiales para satanizar y "pulverizar" a los "enemigos" del autócrata.

El empeño de Su Majestad por erigirse en otro Fidel Castro, tirano-dictador neocomunista entronizado hasta el fin de sus días, es un desprecio por las necesidades e intereses del soberano y un monumental fraude parlamentario a la Constitución. Por lo mismo es improcedente, inoportuno e inaceptable.


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