21 enero 2009

Pregunta impertinente, sugestiva y capciosa

Una vez más, el pueblo que debe pronunciarse sobre la enmienda no puede menos que estar perplejo ante una pregunta cuyo contenido resulta enrevesado e incomprensible, cuyo objeto se oculta y que se presenta como manifiestamente sugestiva y engañosa.

La interrogante sobre la reelección no puede ser otra que la que se refiere a estar de acuerdo con la posibilidad de que aquella pueda ser indefinida, y ello no aparece por ninguna parte, por lo cual, sin duda, es impertinente.

Pero, además, al contener ya la insinuación de la respuesta afirmativa al formular el planteamiento, de modo tal que se pregunta algo que se presenta como una supuesta ampliación de los derechos ciudadanos y al contener afirmaciones falsas o cuestionables, sin duda, es una pregunta sugestiva y capciosa.

Ningún observador o árbitro imparcial puede avalar la pregunta que propone la reelección continua o indefinida, pero sin mencionarla y que entiende como ampliación de derechos para el pueblo lo que constituye una clara fórmula para ampliar los derechos de quienes ejercen el poder.

Estamos, una vez más, en el mundo de las contradicciones, de las paradojas y de la manipulación.

En primer lugar, ante el hecho cumplido de un referéndum, hay que preguntarle al pueblo, de frente y de manera inequívoca, si está o no de acuerdo con la reelección contínua. De no hacerlo, se está evadiendo u ocultando el tema fundamental de la consulta.

Por otra parte, resulta, sin duda, una manipulación evidente que se tenga como cierto una pretendida ampliación de los derechos de la ciudadanía, cuando aparece claro que los beneficiados son los candidatos que ejercen funciones públicas y no el pueblo, el cual debe ser protegido ante los abusos de quienes detentan el poder y a los que hay que poner límites, lo cual se lleva a cabo, precisamente, entre otros mecanismos, por el impedimento para continuar en los cargos, fuente segura de abusos, de corrupción, de nepotismo y de conformación de "roscas", de larga tradición entre nosotros.

Engañoso, igualmente, es dar a entender que el pueblo todo lo puede y que con la enmienda su poder queda ratificado ya que el pueblo no puede elegir a cualquier persona, sin más, ya que existen limitaciones, siendo una de ellas impedir la perpetuación en el poder, hecho nocivo en cualquier sociedad democrática y camino seguro a la tiranía, como lo afirmara Bolívar. Si fuera cierto este argumento, cabría elegir a cualquier ciudadano para cargos públicos, sin exigir condición alguna, lo que permitiría postular y elegir, inclusive, a quienes se encuentran inhabilitados de verdad por una condena penal firme por hechos de corrupción, constituyendo una paradoja que quienes han propiciado la arbitraria e inconstitucional inhabilitación de ciudadanos no sentenciados por un tribunal, excluyéndolos de la elección popular, ahora esgriman el argumento del poder del pueblo para decidir en contra de los intereses del propio pueblo o en contra de exigencias fundamentales de un sistema democrático.

Alberto Arteaga Sánchez
El Universal
aas@arteagasanchez.com
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