24 febrero 2009

El hermano mayor

Para entender lo que ocurre en Venezuela, nada es más ilustrativo que leer la novela "1984", también conocida como "El hermano mayor", escrita por George Orwell en la década de los 40. Decía Orwell, cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair, que a lo largo de la historia de la humanidad los autócratas siempre han tratado de reescribir la historia.

El 2 de noviembre de 2007, tuvo lugar en Venezuela un referendo para modificar la Constitución. Los ar- tículos cuyo cambio se proponía eran varios; sin embargo, el único que parecía realmente importarle al Presidente era aquel en el cual se proponía la reelección indefinida del Jefe del Estado.

La respuesta del pueblo fue NO. De acuerdo con nuestra Constitución, esa misma pregunta no podía ser planteada nuevamente durante el mismo período. Sin embargo, valiéndose de argucias, el Presidente hizo que la Asamblea Nacional volviese a formular la misma consulta, añadiéndole ahora en una sola e interminable pregunta la reelección indefinida de los demás cargos de elección popular. La argucia a la cual me refiero es la de recurrir esta vez a la vía de la enmienda, en lugar de la reforma.

Jugando todos a una, como Fuenteovejuna, los demás poderes públicos respaldaron el planteamiento presidencial, aunque a todas luces resulta evidente que la vía de la enmienda no es aplicable para proponer un cambio tan trascendente que modifica uno de los principios fundamentales de nuestra Constitución, como es el de la alternabilidad establecida en el artículo 6 de la misma. De manera vergonzosa se puso en evidencia que uno de los principios básicos de la democracia, como lo es el del equilibrio de los poderes, ya no tiene vigencia en Venezuela. La famosa frase de Montesquieu "le pouvoir arrette lo pouvoir" -el poder frena el poder- ya no existe en nuestro país. Ahora todos lo poderes apoyan de manera genuflexa los deseos de uno solo de los poderes, con lo cual la legitimidad de desempeño de quien controla el poder ha desaparecido.

Pero las triquiñuelas no se limitaron a ello. En lo que quizás ha sido uno de los mayores ventajismos que se ha conocido en la historia de Venezuela, el Presidente, sin pudor alguno, utilizó todos los recursos del Estado para ponerlos a la disposición de sus intenciones continuistas. Todos fuimos testigos de numerosas cadenas nacionales, algunas de hasta ocho horas, para promover la campaña del SÍ. Todos fuimos testigos del abandono de las funciones por parte de numerosos funcionarios públicos, a quienes dieron públicamente órdenes de que su única obligación era promover la campaña del oficialismo. Todos fuimos testigos de las intimidaciones de toda naturaleza a los funcionarios públicos, que asistieron al acto comicial convencidos de que si no votaban por la opción presidencial, corrían el riesgo de perder sus puestos de trabajo.

En fin, todos fuimos testigos de la forma descarada como el CNE actuó en función de los intereses de un solo bando. Incluso, se comentaba que cuando a la presidenta del CNE se le pedía que actuase para impedir las cadenas presidenciales y otros abusos semejantes, la respuesta de la rectora Lucena era que no convenía hacerlo, porque como de todas formas el Presidente no iba a acatar ninguna decisión al respecto, el único resultado sería la pérdida de autoridad del organismo electoral y le merma de la confianza en esa institución.

Pues bien, bajo esas condiciones, el resultado no era de extrañar. Ganó el SÍ, pero al Presidente lo alcanzó el futuro. En definitiva, lo que de verdad importa es que el Jefe del Estado pueda cumplir ahora su promesa de que Venezuela está blindada frente a la crisis que inevitablemente se avecina como consecuencia de la caída de los precios del petróleo y la absurda imprevisión por parte del Gobierno ante un hecho que lucía inevitable.

En verdad lo que verdaderamente quedó demostrado es que Chávez no está dispuesto a acatar la voluntad popular, a menos que ésta lo favorezca. En otras palabras, quedó evidenciado, tal como decía Orwell en su novela "1984", que como el Big Brother controla el presente, está dispuesto a borrar el pasado -los resultados de la consulta del 2 de diciembre del 2007- a fin de apoderarse del futuro.

Veamos lo que decía Orwell al respecto: "Si todos aceptan la mentira impuesta, si todos los testimonios dicen lo mismo, entonces la mentira pasa a ser la Historia y se convierte en la verdad. El que controla el pasado, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado".

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