10 marzo 2009

El mundo de los mediocres

El Presidente no cesa de expresar en sus apariciones públicas, que no son pocas, que el poder en Venezuela está adherido a su persona; que es una ilusión imaginar siquiera que pueda ser compartido con las instituciones republicanas; que la República es él. Que si la sociedad venezolana ha de ser influida por algo, ha de serlo por su pensamiento estancado en el siglo XVIII. ¿Cómo logrará Chávez preservar en el tiempo esa maquinación perversa? Cuanto mayor es la concentración económica en sus manos, en esa misma proporción juega con las cuotas de poder. Se convierte así en el jefe de una empresa mastodóntica que dispone de casi todos los espacios económicos y políticos del país. Poco le importa que este esquema ya ensayado en otros países conduzca a la ruina y al caos. ¿Cómo ha logrado hasta ahora blandearse de la voluntad de parte importante de la población y cómo pretende preservarla?

La personalidad agresiva del Presidente ha influido en la conducta revoltosa de determinados grupos; de la misma forma que éstos marcan la estructura de poder en el Estado. Basta analizar el dilema de Chávez para actuar contra el jefe de "La Piedrita" para corroborarlo. El plan fue, desde el principio, calibrar con técnicas demoscópicas la actitud de los desheredados a fin de obtener material para la elaboración de valoraciones y líneas maestras que ofrecerían mucho a muchos en la medida de lo posible; y de lo imposible también. En el gobierno no hay, pues, dirección sino seducción; no es la autoridad sino la mediocridad quien fija los objetivos de los que ejercen el poder.

La mediocridad es una consecuencia necesaria del proceso revolucionario en marcha. La idea de que este régimen, y los futuros, requerirán de un mundo gris para sus propósitos finales gana adeptos en el gobierno. Que sólo la nivelación por debajo produciría los grises necesarios para garantizar la continuidad de este esquema degradante. Basta analizar la languidez los que rigen las instituciones fundamentales del Estado para entender el "talento" gubernativo.

La tesis no es nueva. En medio de los movimientos extremos de nuestra civilización se desplaza el grueso de la gente. Entre estos están los desheredados los cuales seguirán condenados a la medianía por razón de un proceso de dádivas que les permitiría subsistir. Piensa Chávez que son estos quienes garantizarían la consolidación de lo que él denomina "el proceso revolucionario". No obstante la crisis económica ya sobre nuestros hombros el jefe sigue orientando sus discursos, no a solucionar los problemas fundamentales, sino a expandir el universo de la decadencia. Piensa que así terminará gozando del espíritu, genio y humor colectivo. En otras palabras, concluirá divirtiendo y seduciendo al mundo de los excluidos.

Las víctimas de esta dinámica perversa son los cuadros. Ya estamos presenciando las crisis de los llamados gerentes y de los mismos trabajadores. Las empresas de Guayana, petroleras, Metro de Caracas, Electricidad, bancos del Estado y las que están en cierne, presagian el derrumbe de la contracorriente esgrimida por el gobierno sobre una rigidez corporativa regida por la mediocridad.

Aun cuando el gobierno sostiene que el desempleo no se incrementará en virtud de las misiones, el número de fracasados por causas estructurales aumentará en los estratos medios. Estamos presenciando el caso de personas que habiendo cursado carreras mal trazadas por el régimen acabarán en vías muertas antes de lo que se imaginaban. Y ello, sin que signifique asumir posiciones clasistas, no es más que una consecuencia de la mediocridad como política de Estado. ¿Debemos permitir que nuestro futuro, ahora más difícil de vislumbrar en razón de la crisis, sea decidido por los mediocres?


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