08 marzo 2009

El "socialismo" salvaje

Más de una vez Chávez regocijadamente ha citado las críticas del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, dirigidas a los graves errores económicos cometidos durante la presidencia de George W. Bush, pero se hace el desentendido ante la advertencia que el sabio Stiglitz hizo esta semana sobre los efectos "significativamente importantes" que la crisis global tendrá sobre Venezuela debido a que, hoy más que nunca, el país "tiene una economía demasiado dependiente del petróleo". Por si lo dicho por Stiglitz no evidenciase que durante sus 10 años de gobierno Chávez se ha limitado a gastar irresponsablemente la renta petrolera mientras perseguía a quienes, desde el sector privado, estaban dispuestos a impulsar la diversificación de la economía, el premio Nobel añadió que "la única estrategia del Gobierno venezolano es esperar que los precios del petróleo suban de nuevo", a la par que critica elegantemente el despilfarro boliburgués diciendo que Chávez "ha permitido una excesiva expansión del consumo y del crédito". Consumo, por cierto, con el que enriqueció a los países exportadores y empobreció a los productores e industriales venezolanos. Importaciones que hoy no pueden mantenerse con la reducida factura petrolera.

El iracundo Chávez que interviene las procesadoras de arroz y confisca fincas en plena producción, asume la destructiva conducta descrita en La Rebelión de las Masas por el filósofo Ortega y Gasset: "En los motines que la escasez provoca suelen las masas populares buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías". Y así está haciendo Chávez con las arroceras, y lo que el Torquemada Eduardo Samán anuncia en su debut como nuevo ministro de Comercio: que la próxima semana irán "por las areperas" y por cualquier otro producto regulado que escasee en el mercado. Y así, hasta que arruinen a todos los medios de producción privada a punta de "intervenciones" y precios insostenibles, o como ocurrió con las fincas expropiadas (se comieron las reses, se perdieron los cultivos y hoy son una peladero), las empresas de cogestión (Invepal, Invitex, etc., quebradas y con cero producción), las cooperativas (abandonadas a su propia suerte porque Chávez ahora las considera "capitalistas") y la escandalosa ruina de las empresas de Guayana, incluida Sidor, quebradas por la ineptitud y corrupción de los rojo-rojitos.

Si Chávez no fuera reo de su obsesión por un comunismo caduco (sólo vigente en la hambrienta, arruinada y sometida Cuba) y hubiera optado por un socialismo democrático que garantizase las libertades políticas, sociales y económicas, se habría entendido con el sector privado (incluido el severo rigor del Seniat; uno de los poquísimos aciertos de este gobierno) y ahora Venezuela contaría con una abundante producción nacional de bienes y servicios y sus trabajadores tendrían millones de empleos de calidad, y no las limosnas oficiales que -convertidas como han sido en mecanismos de control electoral- envilecen a quienes las reciben.

Chávez amenaza a la Polar con expropiar todas sus plantas de producción y se dirige públicamente a su presidente, Lorenzo Mendoza, como si fuera un delincuente: "Si no te pones a derecho, Mendoza, te voy a expropiar, y tú lo sabes". Chávez, además, alardea de los niveles de ruina a los que ha llevado al país, a pesar de la prolongada bonanza petrolera: "Tengo todo listo en caso de proceder con la medida de utilidad pública. Si se ponen cómicos les pagamos no con dinero, sino con bonos, con papeles. Les advierto que la revolución va en serio". Los papeles venezolanos son bonos basura que han perdido más de 70% de su valor facial. El riesgo país supera los 1.700 puntos.

La Polar es orgullo de los venezolanos. Sus más de 30 mil trabajadores cuentan con una seguridad social envidiable que la Pdvsa "del pueblo" escamotea a su abultada nómina. Polar durante décadas ha estimulado la ciencia, la educación, la cultura y los valores nacionales como ninguna otra organización pública o privada. Polar no merece las ofensas infligidas por Chávez y sus acólitos.

En febrero los problemas laborales repuntaron en un 14% y corresponden, en su mayoría, a incumplimientos oficiales. La estafa a los trabajadores del Metro de Caracas no debe ser permitida por ningún venezolano. Una vez firmado su contrato colectivo, fue roto por el gobierno, que ahora se niega a cumplirlo y amenaza con militares esquiroles listos para ocupar el lugar de los trabajadores. Con subterfugios del capitalismo más salvaje. El gobierno se niega a firmar las convenciones colectivas de los trabajadores eléctricos, de los de Guayana, de Pdvsa y de los funcionarios en general. ¿Qué clase de "socialismo" es este que persigue a los trabajadores y a los estudiantes, fuerzas imprescindibles sin las cuales no es posible revolución, ni futuro alguno?

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