06 abril 2009

¿Y qué nombre le pondremos?

El pandemonio, el ticket sin retorno a la anarquía, el desconocimiento total de la Constitución, la declaratoria definitiva del "pichaque", de cómo esto se torció hacia una vertiente neototalitaria, militarista y, por que no decirlo al margen del Estado de Derecho. Tenemos a la vuelta de la esquina el desorden, el abuso y la total decadencia. Ya no es necesario cubrir el más mínimo formalismo para darle algo de consistencia a los "a mí se me ocurre" del insomne. Ya se actúa de hecho, más no de derecho. Ya los valores, los preceptos democráticos y la verdadera ideología fueron desechados porque estamos en la fase del Terror. Aquí lo único que le importa al líder es imponer su bota y al resto de la cúpula que lo sigue mantener sus privilegios, su estatus, sus negocios, a costa de lo que sea& No importa mentir, perseguir, inventar, boicotear, amenazar, amedrentar, encarcelar sin razón alguna más que la venganza& Se perdió el mínimo respeto a la voluntad popular expresada en el voto. "¿No gané, no importa? Igual tengo el poder para imponer autoridades, quitar a otras o perseguir a las que resulten incómodas. Les quito los recursos y sus competencias. Los dejo como cascarones vacíos en el mejor de los casos. A los otros les invento un expediente, los meto presos y ¡san se acabó!"...

Pero como la letra de esta canción necesita música, mientras más estridente sea esta, mejor. En un mundo con suficientes problemas y actores definitivamente más importantes en el concierto internacional el líder anti imperio se está quedando sólo y limpio. Ya no lo invitan como antes. Ya no deshojan la margarita de "lo quiero y lo chuleo" o "ya no lo quiero tanto porque ya no es mi telecajero". Ante eso, emite un "do de pecho" dramático poniéndose del lado de los indeseables, de los genocidas y de los sospechosos. Esto al menos le hará ocupar unos cuantos titulares. Eso definitivamente le gusta. Lo pone contento. Casi tanto como saber que tiene al país en su puño, expectante de su próxima alocución no vaya a ser que esta vez la espada de Damocles haya caído sobre alguna cabeza en particular: la mía, la tuya, la del vecino, la de cualquiera, la de todos&

Aquí ya hay algunas cosas que hay que tener claras: ya hay perseguidos, presos y condenados políticamente, ya no se respeta el resultado de las elecciones porque se crean instancias superiores para anular a los que resultaron triunfadores, desde hace rato no existe separación de poderes, la justicia está siendo utilizada como herramienta política, la Fuerza Armada está al servicio de un solo hombre y está lejos de estar al lado del pueblo, lo reprime y lo atemoriza, la libertad sindical está amenazada, ¡qué decir de la propiedad privada!... ¿Cómo se llama esto? ¿Nos atrevemos a darle el nombre? Y lo más importante: ¿cómo actuaremos en consecuencia?...

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