02 mayo 2009

Con Cuba como ejemplo


No hay que ser tan exigentes con la revolución a la hora de hacer el balance. Tiene cosas malas y tiene cosas malísimas. Hay una perfecta relación entre la mente del líder intergaláctico y los resultados. Se propone destruir y lo hace. Se plantea encarcelar a alguien y lo hace. Se propone quebrar una empresa y lo hace. Se fija la meta de cerrar un canal de televisión y lo hace. Pero, este híbrido de gripe porcina con ácido muriático que es la revolución, no ha terminado su andar por este país. Y, si seguimos las señas del atornillado chavismo y del contundente movimiento opositor, hay que pensar que el Sumo Sacerdote superará la marca de Fidel Castro y seguirá su magna obra hasta que el Panteón Nacional en mala hora lo reciba.

Pero, hay que reconocerlo, el infalible ha tenido tiempo para acabar con la corrupción, desarticular terribles mafias de narcotraficantes con soles o sin soles, adecentar las policías, dinamitar las redes de secuestradores, eliminar grupos subversivos que entraban y salían del país como si toda Venezuela fuera un campamento guerrillero. El tenor que le cantó a Bocelli, además, limpió el sistema judicial y lo hizo justo y honesto. El Consejo Nacional Electoral es un ejemplo de transparencia y equilibrio. La Asamblea Nacional pasó de ser un cuerpo de iletrados improvisados a ser una instancia académica, un foro de profundos y enriquecedores debates. La Contraloría es la punta de lanza de la batalla contra la corrupción y la Fiscalía alcanzó la perfección con el caso Anderson y la investigación local del maletinazo petrolero. La Defensoría del Pueblo ya ni trabaja. No hace falta. El soberano está satisfecho, sin agresiones y en paz.

El magnate de Miraflores, convirtió en un cristalino chorro lo que antes era el componente principal de las victorias de la oposición que, además de pírricas, tienen mucho del Guaire. Pero, eso era antes. Jacqueline Farías, la gobernadora digital, se encargó de ejecutar la monumental obra que ahora permite a los súbditos bañarse en la antigua cloaca. El líder continental, trajo al cura Fernando Lugo y logró, en otra acción sobrehumana, que saliéramos ilesos. El genio llanero aumentó la producción de acero, arroz y caña de azúcar a tal punto que de un plumazo quebró a la capitalista Pdvsa. Ya no la necesitamos. Todo un éxito el plan de soberanía alimentaria. También se apuntó otra de oro al demostrarnos que el capitalismo es una porquería. Se gastó 900 mil millones de dólares y no quedó nada. Ni un gallinero vertical. Y, en contrario, ha impuesto un exitoso sistema de cogestión, cooperativas y empresas de producción social que tiene temblando a Brasil, Colombia y Estados Unidos, países que insisten en vendernos comida, cachivaches y peroles que no necesitamos.

Ya lo ha dicho varias veces. Vamos directo a ser una potencia mundial.

Como hizo el moribundo con Cuba.

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