20 diciembre 2009

Los "esbaratadores" del siglo XXI

Hace tiempo circuló un chiste cuyo anclaje aplica a estos últimos meses de fuertes protestas encabezadas por quienes han sido fervientes defensores de las políticas "revolucionarias", convertidas hoy en promesas nunca cumplidas. Pareciera que la proximidad navideña exacerba las carencias de quienes han esperado inútilmente la casita ofrecida, el empleo necesitado, o la beca que nunca llegó. A esas quejas se unen las de aquellos miles que hace meses no les pagan las misiones, o de los trabajadores públicos (muchos sin contrato colectivo) a quienes el Gobierno les debe varias quincenas y el aguinaldo.

El chiste narra que al centro de Caracas llegó un muchachito con una caja de cartón en la que dormitaban ocho gatitos recién nacidos. El pequeño gritaba: "vendo gatos chavistas", "compre su gatico chavista". Con tal prédica logró vender la mitad de los felinos. A la semana siguiente el chico se apostó en el mismo lugar (ahora con 4 gatitos) y comenzó a gritar: "compre su gatico escuálido". Un transeúnte, testigo de la venta anterior, le preguntó al niño: "¿Cómo es que la semana pasada los gatos eran chavistas y ahora dices que son "escuálidos?". Y el chamo respondió: "¡Claro!, ¡es que estos gaticos ya abrieron los ojos!".

Si bien muchos venezolanos ya "abrieron los ojos" al comprobar que el "amor" de Chávez por el "pueblo" ha sido una coartada para imponer su proyecto autoritario, es a partir del segundo trimestre de este año cuando la decepción popular se ha ido acrecentando, según registran las encuestas. Ese desencanto se expresa a través de protestas públicas cada vez más airadas, en las que increpan al Presidente como el responsable de los problemas que aquejan a las mayorías, como inseguridad, desempleo, inflación, apagones y falta de agua, entre otros muchos no resueltos.

Aquella frase de "que el precio del petróleo puede llegar a cero y aquí no tendremos crisis" es un boomerang que lacera la atormentada cabeza presidencial. Pocos creen que Chávez no sabía del saqueo que sus "empresarios", ministros y allegados hacían al Tesoro Nacional a través de unos seudobancos alimentados con miles de millones públicos. Y no lo creen porque "en Venezuela no se mueve ni una hoja sin que yo lo sepa" (Chávez dixit). Ya cerca de la Navidad, el pueblo ve que mientras sigue con la "regaladera" a sus compinches políticos ($ tres mil millones dio a Cuba hace pocos días), a los 4 mil niños de los Simoncitos adscritos al ME hace cuatro meses que no les llega la alimentación y a las "madres integrales" encargadas del cuidado infantil en El Junquito, Casalta, Caricuao, Mamera, Propatria, El Paraíso y otras barriadas, les adeudan salarios y bonos de alimentación y navideño. Por eso se arrodillaron sobre el asfalto y culpan al alcalde Jorge Rodríguez y al presidente Chávez de tan cruel incumplimiento. Simultáneamente hombres y mujeres humildes que estuvieron más de 24 horas esperando a las puertas de la "Feria Socialista del Juguete" para comprar los regalos para sus hijos (como les habían prometido) escucharon indignados que, sin haber abierto las puertas, ya se habían acabado los juguetes. "¡Para el pueblo nada!", gritaban furiosos los padres frustrados, a la par que denunciaban haber visto sacar de allí gigantescas bolsas de juguetes llevadas por militares, policías y otros funcionarios rojitos. "Estamos como a la deriva" decían en otra protesta ese mismo día cientos de empleados a cargo de Diosdado Cabello, los de Pequiven trancaron las calles "porque nos estamos muriendo de hambre", mientras que petroleros del Zulia y obreros portuarios reclaman a gritos "sus legítimos pagos". "Somos pisoteados por este gobierno" decía un dirigente sindical de Ipostel rodeado de decenas de funcionarios furiosos porque no les han pagado ni quincena, ni aguinaldo y quienes protestan son amenazados con el despido. Guayana es un polvorín de reclamos y de huelgas de hambre (como la de Bauxilum) porque el Gobierno no paga ni a trabajadores, ni a contratistas.

¿Dónde están los $ 950 mil millones recibidos si el Gobierno no paga a las universidades, ni a profesores ni a trabajadores petroleros ni del aluminio ni del Metro ni a los eléctricos ni a proveedores ni a los viejitos, ni ha construido escuelas ni hospitales ni casas ni autopistas, a pesar de que el barril está por encima de los $ 60? Tan grave es, que ya analistas internacionales califican la deuda venezolana como la de mayor riesgo en el mundo .

Por eso los "esbaratadores" del siglo XXI (Aristóbulos dixit, cultísimo ex ministro de Educación) aceleran la destrucción de los últimos rasgos democráticos para imponer la dictadura de Chávez y no de las comunas (de nuevo el pueblo como coartada). Sólo con las protestas unificadas, pacíficas y masivas que están por venir -y no aisladas como hasta ahora- podremos impedir que lo logren.

Marta Colomina
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