06 enero 2010

Toque de queda

Con la excusa del racionamiento de energía eléctrica, comenzó el año 2010 regido por un toque de queda en las principales ciudades de Venezuela. Y digo toque de queda porque ¿cómo no llamar así al establecimiento compulsivo de ciertas horas del día y la noche, en todas las ciudades y estados donde operan centros comerciales, a partir de las cuales se prohíbe y advierte a sus ciudadanos de su permanencia y legítimas actividades en ellos?

Siendo los centros comerciales los únicos sitios seguros de las ciudades donde puede acudirse sin ser víctima de la delincuencia, la drástica medida oficial niega el derecho ciudadano a su uso y disfrute. Así se obliga a los usuarios, comerciantes y sus trabajadores, a retirarse y encerrarse en sus hogares desde las 9:00 pm, pues la alternativa es ser víctimas del hampa en las calles, que impune delinque sin restricciones de horario alguno, diurno y menos nocturno.

Por eso ante el supuesto ahorro de electricidad racionándola a los centros comerciales como si en ellos se consumiera toda la que falta hoy en Venezuela, seguro que mucha más electricidad puede ahorrarse con solo volver al huso horario anterior (UTC - 4 horas) que regía antes del 9 de diciembre de 2007, fecha en que se publicó el cambio en Gaceta. Y es que desde entonces, más electricidad demanda el país en cada atardecer pues oscurece más temprano, por lo que volviendo al huso horario anterior, las actividades productivas se iniciarán temprano y terminarán bajo luz del sol. También se acabará el manguareo propiciado por quienes engañando a la población, acabaron con la sana costumbre de levantarse temprano, haciéndola dormir media hora más cada mañana.

De esta burla a los venezolanos, sirven de prueba las declaraciones del ministro de turno entonces de Ciencia y Tecnología, de nombre Héctor Navarro, alegando "alteraciones fisiológicas causadas por la desincronización de los ritmos circadianos endógenos y el ciclo luz-oscuridad, debido al cada vez mayor anticipo del despertar&". Tres años después no son más inteligentes los niños que se levantan más tarde, ni hay menos patologías entre la población. Tras tantos engaños, a nadie convence hoy el de un mayor ahorro eléctrico cerrando temprano los centros comerciales y confinando la población en sus hogares a las 9:00 pm.

Por otra parte, mal puede el Gobierno condenar al racionamiento eléctrico a los centros comerciales y a sus usuarios que sí pagan la energía, cuando muchos entes del Estado nunca la pagan y menos los cortan o racionan. Esto mientras en el año electoral despierta muchas suspicacias que afecte a los ciudadanos de clases media y popular, que son los que más acuden, compran, trabajan, y se recrean en los centros comerciales.

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