24 marzo 2010

El fin del imperialismo chavista

Los fracasos suelen medirse por la dimensión de las ambiciones y así como en un principio Hugo Chávez logró el gran objetivo de convertirse en referencia mundial del antinorteamericanismo y en líder de una ideología que redimiría a los preteridos del continente, ahora la ilusión se desvanece dejando la sensación de una farsa en fase terminal. Luego de once años el engendro conocido como socialismo del siglo XIX, no puede ocultar, ni siquiera ante los más cándidos observadores, su naturaleza autocrática, totalitaria y expansionista.

Chávez, finalmente, está perdiendo la batalla mediática internacional, su imagen resulta cada vez más antipática y si antes lucía como un rústico campechano con la razón de su lado, ahora lo que muestra es el hosco rostro de un hombre obsesionado por el poder y sólo los más retrógrados regímenes del planeta, así como algunos gobiernos que por encima de los principios, colocan los intereses económicos, continúan dándole oxígeno a un proyecto que, en un momento dado, amenazó con destruir las democracias de América Latina.

Luego del fracaso para imponer su franquicia en Honduras, el intervencionismo venezolano se estrella contra la muralla uribista aquí al lado, el sueño gran colombiano se esfuma y gane quien gane el 31 de mayo (bien sea Noemí Sanin o Juan Manuel Santos) la continuidad de la política de Seguridad Democrática está garantizada. Los más diversos aliados de Chávez están en plan de derrota. Desde las FARC hasta los liberales (aun cuando Piedad Córdoba haya conservado su curul), pasando por los comunistas, la franja más atrasada del Polo Democrático y hasta algún expresidente.

Así, Chávez se va quedando con lo peorcito del planeta: el bielorruso Lukachenko (conocido como el último dictador de Europa), el rijoso Daniel Ortega, el obsecuente Evo Morales, el fundamentalista Ahmadinejad, el bravucón Rafael Correa, los inefables hermanos Castro, la pareja Kirchner, algunos cancilleres europeos empeñados en defender lo indefendible y el "hermano Lula", que resulta un caso aparte de alcahuetería.

Pero si eso ocurre hacia afuera, hacia adentro también operan un fenómeno similar y el mutis del gobernador Henri Falcón, que seguramente arrastrará consigo a otros mandatarios regionales y no sabemos aún cuánto de masa chavista, nos da una idea de cómo si antes la palabra del jefe era sagrada, ahora la criada le salió respondona y si en otros tiempos las defecciones solían fortalecer al caudillo, ahora le achican el universo, le plantan cara en sus dominios y sólo le va quedando n puñado de fieles sumidos en su incapacidad para gobernar y en una pelea a cuchillo por los despojos.

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