11 abril 2010

La mesa está servida, pero...

El rechazo a la pésima gestión de Chávez crece como la espuma dentro y fuera de Venezuela. Crece tanto, que ni siquiera hay guerra de encuestas. Todos los sondeos de opinión revelan la caída del apoyo popular a quien otrora generase tantas esperanzas en sectores masivos de la población. La catástrofe económica y social generada por las torpes e ideologizadas políticas de un "socialismo" que no es socialismo y tampoco es del siglo XXI, ha deteriorado de tal manera la vida de los venezolanos, que en todos los estratos sociales la desaprobación al Gobierno supera con creces a la de quienes aún lo apoyan. Tal disconformidad ha venido incrementándose a medida que tozudamente Chávez insiste en destruir la iniciativa privada, en combatir el sindicalismo libre y la libertad de expresión, en reprimir y encarcelar a la disidencia política y, en síntesis, reeditar en Venezuela el aniquilador modelo cubano.

De ese creciente rechazo al proyecto chavista y a la figura presidencial también dan cuenta las cifras de la ONG Espacio Público, respecto a la escalada de protestas y reclamos populares en los dos últimos años. Muestra la ONG que en 2008 ocurrieron 1.602 protestas de calle mientras que en 2009 se duplicaron al registrarse 3.304 a lo largo y ancho del país. Protestas en su mayoría de trabajadores del sector público o de habitantes de los barrios que reclaman el incumplimiento oficial en el pago de los salarios o de la contratación colectiva; de viviendas prometidas y nunca entregadas; por el estado agónico de los hospitales, la insoportable falla de servicios públicos como agua y electricidad y por la demanda de efectivas políticas públicas en materia de seguridad personal tendentes a frenar la impunidad de las miles de bandas criminales que operan a sus anchas en todo el país. La desidia gubernamental ha sido tal que en enero de 2010 "solo 18 de 203 protestas tuvieron, al menos, alguna interlocución con los funcionarios que podían atender las demandas" (Tal Cual 08-04-2010). En ese mismo enero quince manifestaciones fueron reprimidas violentamente. Violencia que no disuade a quienes siguen protestando contra quienes han dilapidado más de un millón de millones de dólares y hoy muestran un país acorralado por el hampa, desabastecido, endeudado hasta los tuétanos, con legiones de desempleados y buhoneros, con empresas arruinadas y servicios de agua y electricidad colapsados. Aunque Chávez atesora grandes recursos para lanzarlos a la calle en pleno proceso electoral, lo cierto es que las enormes carencias e injusticias sociales generadas por la corrupción e ineficacia de su gobierno no podrán ser satisfechas en los cada vez más extensos estratos sociales minados por la pobreza crítica, extendida en 14 estados del país, según cifras oficiales del INE.

Con cuadro tan adverso para el chavismo, no sorprende que las últimas encuestas registren que si las elecciones parlamentarias fueran hoy, la oposición ganaría 83 o más curules de la AN. No obstante datos tan optimistas, el sondeo de Alfredo Keller revela "reservas en cuanto al liderazgo opositor partidista, lo cual solo se podrá superar con una efectiva interlocución de los candidatos con sus grupos de electores". A juzgar por las protestas de no pocos precandidatos que insisten en su derecho a medirse en elecciones primarias (cada vez más restringidas) y de las noticias emergidas de la "Mesa Unitaria" (MUD), esa "interlocución" ha sido muy escasa. No es posible que para la fecha de entrega de este ar- tículo (08-04) continúe el desgastador forcejeo entre Borges y Mendoza por el encabezamiento de la lista en Miranda, y que la MUD no haya aplicado la norma de "donde no haya consenso, habrá primarias", más aún cuando ambos precandidatos están dispuestos a medirse y el gobernador Capriles es partidario de primarias en Miranda. Trasciende que están colocando "a dedo" a viejos dirigentes (ex parlamentarios jubilados) en desmedro del liderazgo emergente que respetuosamente pide igualdad de condiciones a través del derecho a medirse en unas elecciones primarias. ¿Por qué los dirigentes de los partidos se autocolocan "a dedo" en las listas en vez de medirse con los demás aspirantes no partidistas? El fantasma de la abstención se espanta evitando "el dedo" donde no haya consenso y optando por la transparencia de unas primarias. La afirmación no es solo de la cronista, sino de miles de electores temerosos de que los cogollos sigan con las mañas del pasado, con lo cual estarían demostrando que no han aprendido nada en estos once años de infierno, de los que, por sus errores, también son corresponsables.

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