21 junio 2010

Carta de Amor

Querida,
Te conocí por esas cosas del destino... Fuiste tú, precisamente tú y no otra cualquiera, quien me recibió con tu abrazo de mar y tierra, cuando fui arrojada a la vida, sin preguntas, sin sondeos y sin acuerdos. No importó nada, para eso tú estabas allí.
Recuerdo con emoción, cuando a mis 9 años, me regalaste mi número de Cédula ¡qué detalle!, ¡qué regalo único para mí!. Lo guardaré toda mi vida como un tesoro... Vino acompañado con mi foto de niña, con aquella pollina que cortineaba mis ojitos, y por aquel jeroglífico juguetón de: mi primera firma, orgullosa y oronda, que se extendía debajo de mi color de los ojos, fecha de nacimiento, de mi estado civil y de mi nombre generoso, en letras amables para el oído de estas tierras.
Pero nada se compara, al recordar la sensación alucinante de ser tuya, cuando aquella vez, que en el primer Censo de mi vida, tú me contaste con un número1. Yo estaba allí, incluida feliz e inocente, en las entrañas de aquel número grandote, que le regalaste a los ávidos estadísticos, acompañada por millones de otros "unos" y "unas".
Y así fui creciendo, descubriéndote y haciéndote mía a su vez. Primero fué tu lengua, tu lengua única, la de tu osadía y el saber manifiesto, de que un idioma común nos separaba (y nos separa) del resto de los parlantes oficiales del castellano: "Chévere" , "vaina", "bicho", "coroto", "ladrar", "épale", "pana", "chamo", "pelúo", "melao", "coñazo", "cambur", "vergatario"...fueron palabras, que coleaste desde temprano en mi diccionario, con esa complicidad tuya, que te caracteriza y que me derrite con tus guiños, el sentir que te pertenezco plenamente. Te adoro Chama...
Y también que por la boca, además de la palabra, me diste a conocer el deleite de tus manjares exóticos, eclécticos y traviesos: como la arepa bivalva, capaz de ofrecer como una perla, cualquier delicia que le quepa adentro. También las hallaquitas amarradas, con sus ansias e instinto de libertad, que se tornan tan diversas en el sello del chicharrón, del mojito con ají dulce ó simplemente la nada, en espera ansiosa de otras exquisitas y diversas potencialidades. Y eso, que ni hablar de nuestra cachapa, que lagrimea de alegría, gotas de mantequilla, ya dispuestas para arrejuntarse con el queso de mano o el guayanés. Y qué decir, de las negritas refritas y brinconas, las tajadas dulces y fieles, la carne con sus mechas al viento y por supuesto, que no podría faltar la deliciosa hallaca, la reina absoluta de los sabores, la que no "pela" un diciembre y nos descubre adictos cuando no la tenemos. El ron, la rumba, "las frías", la vibrante música de salsa que nos hace vibrar las caderas. Los panas y la familia, y también, los panas de la familia, y los panas de los panas y así sucesivamente... así tú, toda tú, sin término, ni par ni comparación alguna.
Y ese verde amazónico y húmedo, y ese azul espumado en tu orilla, y ese blanco de copo en tus cimas, y ese negro de tu oro profundo, y el marfil de tus inquietos médanos, y esa tú, toda tú, con tu llanura infinita y los cursos trazados en el viaje de tus inmensos rios.
Y a propósito, hablando de colores querida: ¡si que has cambiado últimamente! te has vuelto bipolar, te pones roja, te pones azul...... ¡y morada con la mezcla!
Desde que me enamoraste y te conozco, has ido creciendo en cifras, en colores, en símbolos, en estrellas, en puntas, en extremos, en experimentos, en ganas, en contradicciones, en sueños, en odios y también en amores, en créditos, en carros, en muertes y también en nacimientos. El asfalto de tus vías, se ha llenado de pasos que marchan, tras el sueño de vivirte próspera y segura para todos: unos para allá, otros para acá... sordos todos, de tanto oirse sin escucharse, ciegos de tanto verse, sin observarse y mudos de tanto gritarse, sin hablarse.
Y en realidad yo no sé bien, por qué hoy te digo todo esto. Tal vez lo que pasa -aunque suene ridículo- es que te quiero, te sigo queriendo con tus luces y tus sombras, con tus eclipses, tus noches y amaneceres, con todos tus colores y tonalidades variopintas, te quiero con mis miedos y mis esperanzas, con mis talentos para ofrecerte y mis ganas de quedarme a tu lado, para no tener que buscarte luego, en otros horizontes con pocos días de verano, en los apellidos de una guía telefónica, en Internet, en los noticieros, en el acento, en las conversaciones, en los rincones, en todas partes... Te quiero grande, pertenecida y perteneciente, te quiero, mi única e inigualable .......

VENEZUELA MIA....!!!!
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