12 julio 2010

Los guetos del cariño

A veces es necesario dejar por un momento lo urgente para ocuparnos de lo importante. Toda esta locura que estamos viviendo: toneladas de alimentos perdidos, jóvenes y otros no tanto que continúan muriendo en manos de desgraciados, desalmados y amparados por la impunidad, ese temor constante ante un robo, un secuestro o algo peor, esa incertidumbre perenne en relación al futuro, ese presupuesto ajustado (cada vez más) de todos los venezolanos que nos ganamos la vida de una manera decente apelando al trabajo, al esfuerzo y no como algunos que prefieren el "fast track" de la corrupción, el amiguismo, la complicidad y tantos etcéteras, lamentablemente tan cotidianos que ya forman parte de la llamada "viveza criolla" en el contexto de una sociedad que se ha tornado laxa, cómplice y sinvergüenza, todo esto que estamos pasando en este gerundio interminable nos aleja de lo que pareciera obvio. Hay momentos en los que es aconsejable para la salud, como titula el conocido libro de autoayuda darle: "una sopita de pollo para el alma" y ocuparnos de otras cosas. Sí, nos hemos transformado a todos los niveles socioeconómicos en un país de "guetos". Con el tema de la inseguridad buena parte de nuestra vida se reduce a ir de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Si acaso algún cine, pocas salidas y siempre a los mismos lugares que nos puedan ofrecer ciertas condiciones de seguridad. Transitamos por las mismas calles y seguimos las mismas rutinas. Aquellos que se atreven un poco más son a los que les gusta la adrenalina y el riesgo. El miedo, en buena parte, nos está aislando y subsumiendo en nuestras propias islas de angustias y temores. Los guetos están allí. No decretados, ni parcelados, pero definitivamente asumidos como mecanismo de defensa ante una realidad que nos apabulla. Plantear que salgamos de ellos es sin duda una posición personal que no nos atrevemos a sugerir, pero a lo que sí podemos recurrir es a la creación, promoción y disfrute de nuevos guetos: los del afecto. En tiempos de crisis, cuando todo pareciera tambalearse a lo único que podemos asirnos es a nuestras querencias, las que no cambian, las que siempre están allí: la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, de deporte, de estudio. Son los referentes que nos devuelven el lado bonito de lo que también es nuestra realidad. Para aguantar este "chaparrón" con estoicismo, salud y relativo buen humor hay que colocarnos el "salvavidas" de nuestros afectos más preciados y "disfrutarnos" todos al máximo en cada encuentro, en cada reunión en cada ocasión que tengamos para salir de nuestras oscuras cuevas de angustias personales e iluminar esos "guetos comunes" del cariño. Volver a lo básico, sin mucho artificio. ¿A qué más?


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