15 noviembre 2010

El optimismo

Exprópiese! ¡Nacionalícese! ¡Tómese! ¡Arrásese! ¡Acábese! ¡Encarcélese! Cualquiera de estas órdenes se resumen en una sola intención: cojan miedo y como consecuencia esta otra: ¡váyanse! Pero eso no es nuevo. Cada vez que se pasa unos días en el "mar de la felicidad" donde parece evaluar las cosas a la distancia regresa tomando decisiones o bien radicalizándose o imbuido en un falso, conveniente y muy breve espíritu de corderito sobre todo si tiene cerca algún evento electoral (eso sobre todo en el pasado).

Esta oportunidad no podía ser la excepción. El jueves se presentó y dijo: ascendió al cuestionado general reiterando que el valor más preciado en esta clase de regímenes es la obsecuencia "de alfombrita" y nuevamente amenazó a la banca con una de sus advertencias preferidas: ¡nacionalícese!, en caso de que no colaboren.

¿Qué espera con esta actitud del "coco"? Lo que sucede en una película de miedo: que sientas que los tienes muy cerca, que te respiran al lado y que la próxima víctima puedes ser tú. Y es que cuando el miedo se utiliza como estrategia es porque ya no tienes más recursos que sacar de la chistera del mago. Ante esto, la reacción puede ser la de dejar que el temor tome posesión de todos tus actos y/o bajas la cabeza o/y te montas en el próximo avión o respondes precisamente con una acción aún más audaz que demuestre no solo que el temor no te domina, sino que la confianza es la brújula que te guía. Sí, ya sabemos que esa es la palabra más escasa por estos días, más que el azúcar, el café o la verdadera democracia, pero es el escenario que menos se espera quien pretende día a día acabar con nuestros sueños e ilusiones sembrando nuestra vida de incertidumbre.

El que en medio de esta locura diaria una empresa como Polar, amenazada por los cuatro costados, atacada por todos los frentes pero con unos trabajadores que han dado ejemplo de dignidad y un capitán, que definitivamente sabe su rumbo, haya decidido invertir junto con una marca española en la construcción de una gran planta para el procesamiento de yogurt era seguramente el gesto que menos esperaba el Gobierno. Es como decirle sin palabras: "a pesar de ti confío en Venezuela y por eso no sólo no me voy, sino que sigo inyectando recursos al país y generando empleos".

Y es que la estrategia del régimen es evitar que todos tengamos sensación de futuro porque en la medida que eso sea así sus días en el Gobierno estarán contados y ellos lo saben. Un corte como el que quieren imponer es como un corset: una pieza vetusta y apretada que ya no se la cala nadie a menos que se esté enfermo. Por eso es que no soportan y no entienden el optimismo de quienes a pesar de ellos aún le sigan apostando al país.

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