08 julio 2007

Obispos expresan dudas sobre talante democrático de reforma

Tras cinco días de deliberaciones, los arzobispos y obispos de Venezuela, reunidos en la LXXXVIII Asamblea del Concilio Plenario, dieron a conocer desde la sede nacional del Episcopado un amplio y duro documento, titulado Urge el diálogo y la reconciliación en Venezuela, en el que advierten que con su postura no incurren en "injerencia indebida en la vida política" sino que atienden a sus obligaciones "con criterios estrictamente pastorales".

Entre sus principales denuncias, el Episcopado alerta que la reforma constitucional que impulsa el gobierno de Hugo Chávez "se dirige hacia el establecimiento de un sistema socialista fundado en la teoría y la praxis del marxismo-leninismo" y destacan que el proceso de elaboración de ese texto "no acoge suficientemente el espíritu de participación exigido por la Constitución", lo que "arroja serias dudas sobre el talante democrático de la reforma constitucional".

Los prelados rechazan asimismo la intolerancia y "el lenguaje descalificador, ofensivo e irrespetuoso".

"Nadie, y mucho menos el presidente de la República, tiene derecho a insultar o agredir a personas o instituciones que disientan de sus opiniones o proyectos. La reconciliación, la paz y la solidaridad no anulan el derecho a disentir, lo cual incluso puede conducir a la protesta legítima; pero ésta debe hacerse siempre en términos pacíficos, la llamada no violencia activa, la cual no implica la indiferencia ante los problemas sociales".

El documento, que consta de veintidós puntos, fue leído de forma compartida por los obispos Freddy Fuenmayor (Los Teques), William Delgado (Cabimas) y Mariano Parra (Ciudad Guayana), lo que reforzó el espíritu colectivo del pronunciamiento eclesial.

Crecen la violencia y el sicariato
Los obispos hacen un especial llamado a "un gran acuerdo nacional en defensa de la vida", lo que implica "oponerse a todo tipo de violencia e impunidad". "Las consignas que tienen a la muerte como objetivo o alternativa no son ni humanas ni cristianas. El hombre siempre apuesta por la vida, nunca por la muerte. Esas consignas fomentan la violencia, el odio y la venganza".

Bajo la premisa de que "nuestra patria vive uno de los momentos más cruciales de su historia", los prelados denunciaron el incremento de problemas como "la pobreza, el desempleo, la falta de vivienda", así como el problema de las cárceles, y exigen "velar por la actuación de las instituciones policiales y, sobre todo, garantizar la independencia y rectitud del sistema judicial". Recalcan el crecimiento exagerado de la violencia.

"...los delitos contra la vida y la propiedad, el sicariato o asesinato por encargo, los secuestros y la extorsión conforman un cuadro de inseguridad, que especialmente en las grandes ciudades y en la frontera con Colombia ha alcanzado niveles alarmantes. Uno de los factores que ha contribuido al aumento de esta violencia lo constituye el narcotráfico y el lavado de dinero, que lamentablemente ahora está presente en casi todo el territorio nacional".

Cuestionan que "se pretenda solucionar los problemas sociales que nos aquejan con medidas populistas (...) Ahora, al igual que en la segunda mitad del siglo XX, los altos ingresos por el petróleo se han visto acompañados por el aumento de la corrupción y el clientelismo político". Rechazan asimismo "el militarismo que cede el protagonismo de la sociedad al estamento militar, al cual no le corresponde dicho papel".

Una de las varias citas que el documento contiene sobre reflexiones del papa Benedicto XVI habla de "gobiernos autoritarios o sujetos a ciertas ideologías que se creían superadas", a lo que el documento del Concilio Plenario acota: "Una de esas ideologías ya superadas es el socialismo estatista que impide la primacía de la persona y de la solidaridad, suplantándolas por la hegemonía del Estado. Así, pues, ni el capitalismo salvaje ni el socialismo marxista son los caminos que conducen a la construcción de una sociedad más justa".

Reconciliación y paz
Son recurrentes en la exhortación apostólica las apelaciones a la reconciliación y a la paz.

"Venezuela necesita bendiciones, no improperios. Venezuela necesita que se aplique la Constitución vigente, no una nueva (...) Venezuela quiere y reclama a gritos, por boca de sus niños y jóvenes, que se termine con los odios, los insultos y las descalificaciones y que sus hijos e hijas se reconcilien, se respeten y vivan en paz".

"Los obispos de Venezuela, ante los problemas que agobian al país, proponemos el camino que indica el Señor: el camino fundamental hacia la paz, que todos anhelamos, es la reconciliación y la solidaridad. Por eso no podemos aceptar que se pretenda dividir a los venezolanos en dos bandos irreconciliables. La diversidad de posturas ideológicas, propias y convenientes en toda democracia, no debe convertirse en beligerancia e intolerancia. Se impone el diálogo que busque el consenso, sobre el que debe asentarse la vida política y social de cualquier sociedad que se considere democrática". Añaden que "sin una cultura del respeto, la tolerancia, la inclusión y la aceptación del otro no se puede entablar una reflexión y diálogo nacional". "Se debe renunciar a la intolerancia, al enfrentamiento permanente, a la discriminación en el trabajo por razones políticas, que muchos venezolanos sufren a través de listas de excluidos o de exigencias ideológicas".

Estudiantes y Ley de Educación
Reconocimiento especial hace el documento al movimiento estudiantil que "con creatividad y coraje, bajo las consignas de la libertad y la reconciliación, ha salido a las calles a manifestar por el derecho a la libertad de expresión, de opinión, de información y en defensa de la autonomía universitaria". "Los estudiantes denuncian un ejercicio poco democrático del poder y reclaman una Venezuela para todos, pregonando la reconciliación".

Sobre la reforma de la Ley de Educación que espera su aprobación en el Parlamento, los obispos destacan "omisiones", tales como: "la finalidad de la educación, los derechos de los docentes, los subsidios mediante convenios a instituciones educativas que atienden sectores populares, la evaluación y el derecho de los padres a decidir sobre la educación religiosa de sus hijos".

" Y, lo más importante, existe preocupación sobre la pretensión de impartir una educación con una única y determinada orientación política e ideológica, que afectaría gravemente derechos y deberes de los educandos y de los padres de familia". Dicen los obispos que el diálogo institucional que sostuvieron con autoridades del Ministerio de Educación y de la comisión respectiva en la Asamblea Nacional "no ha sido retomado a pesar de nuestra disposición y petición de hacerlo".

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